Archivo

Posts Tagged ‘socialismo del siglo’

Tiempo de palabra

8 noviembre 2009 6 comentarios

Carlos Blanco (El Universal)/Cubanitoweb

“El país rojo está tan cansado como el variopinto que está en la otra orilla”

Chávez

Pero, ¡cómo ha cambiado el hombre! El filistrín aventurero, con su trajecito puyado, inspirado por Douglas Bravo y Alí Primera en sus delirios, que se debatía entre el beisbol, la locución en Elorza, la administración de la cantina en el batallón, y los fantasmas del poder, ahora es el gordo potentado, rendido a los pies de unos zánganos que lo expolian emocionalmente y que expolian a Venezuela materialmente; frágil ante la adulancia, intolerante frente a la crítica, contumaz en el ejercicio inmune e impune de la mentira, cruel con los que lo abandonan, y henchido de un odio cerval contra los que difieren. El hombre ya no es como tú. Esa humanidad, difícilmente contenida en los trajes de marca, embutida en chalecos antibalas que más parecen camisas de fuerza, es el dueño de un país que lo produjo, que lo encumbró y que ahora no encuentra cómo salir de él.

Los presos, exiliados, enjuiciados y perseguidos, así como ese vasto pueblo disidente, saben del odio que este personaje les prodiga. Lo curioso es saber cómo piensan los que lo han seguido y, por las razones que sean, siguen allí, sin poder lanzar una mirada crítica; saben que les puede salir caro.

El Aplauso Va Por Fuera.
Hace poco este narrador observaba un video de una de las infinitas alocuciones del jefe, interrumpidas por aplausos muy curiosos. Los que aplauden se miran los unos a los otros para que se compruebe, sin sombra de duda, que han aplaudido. Buscan notariar su aplauso; nadie podrá decir luego que se mostraron remisos a la ovación palmípeda. Hay excepciones, como la de aquel militar, metido entre dos colegas que aplaudían con desgano, que se negaba a acompañarlos y apretaba su gorra, y estrujaba un folleto como si estuviera impedido de sumarse al coro por una acción en marcha que sus manos habían emprendido con el trozo de papel arrugado. Era terrible; sabía que debía, pero no podía; lo peor es que no advirtió que la cámara indiscreta estaba allí para testimoniar su desgano.

Leer más…

A %d blogueros les gusta esto: