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Nada más triste que vivir demasiado

11 abril 2011 1 comentario

DDC/Armando López,Nueva York/Cubanitoweb

Uno de los más polémicos periodistas cubanos ha muerto. Luis Ortega. Se codeó con Batista, Grau San Martín y Prío Socarrás, todos presidentes de Cuba. Presentó a Fidel a Eduerdo Chibás, el loco que se pegó un tiro en pleno programa de radio, “verguenza contra dinero” era su slogan, más actual que nunca en estos tiempos tan corruptos.

Luis Ortega en su casa de Miami. (AL)

Luis Ortega, para muchos el mejor periodista cubano del siglo XX, para otros un cínico, aplaudido, temido, repudiado, acaba de morir a los 95 años. Hace dos años lo visité en su piso de Miami, frente al mar. No fue fácil conversar con el viejo maestro. Sus ojos me escrutaban. Su memoria, su sagacidad, estaban intactas. Pero estaba sordo. A gritos, me dijo:

“No hay nada más triste que vivir demasiado. La edad correcta para morir está entre los 65 y los 70. De ese modo, todos quedan satisfechos y una deja una buena atmósfera”. Luis Ortega no lo logró. Vivió lo suficiente para que no lo comprendieran. Para que lo olvidaran.

Tarea titánica entrevistar al ex jefe de información del diario Prensa Libre, al ensayista deLas raíces del castrismo y El sueño y la distancia, al escritor de Yo soy el Ché (único retrato honesto del asesino de La Cabaña), al articulista, al poderoso editor que conoció muy de cerca a Fulgencio Batista y a Eduardo Chibás, pero mejor aún a Fidel Castro, de quien fuera mentor y, como todos los cubanos, su víctima; al periodista sin banderas, al que reclamaron que vendía su pluma y con sarcasmo respondió: “no la vendo, la alquilo”.

Fidel asaltó el cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Al otro día, Ortega preparaba la edición del asalto en su recién inaugurado diario Pueblo cuando el temible coronel Salas Cañizares irrumpió en el periódico con doce agentes, rompió los linotipos, repartió culatazos. El articulista de la columna “Pasquín” (firmaba Sol), milagrosamente logró refugiarse en la Asociación de Reporteros. Tres días después, a sus 37 años, Ortega escapó para Miami. De poco le sirvió haber escrito la proclama del golpe de Estado de Batista, el 10 de marzo de 1952. A los periodistas o se les paga o se les pega, repetía Rolando Masferrer.

“Con Prío de presidente, Batista logró salir senador y regresó a Cuba. Y uno de los pocos periodistas que lo atendió siempre fui yo —me dijo Ortega—. Lo invité a escribir una columna en Prensa Libre. Una vez por semana, tenía en una esquina a Ramón Grau San Martín y en la otra a Batista. Los irreconciliables enemigos frente a frente. Convertí a Batista y a Grau en periodistas para lograr el equilibrio. Pero ese equilibrio se rompió con el golpe de Estado”.

“¡Fue un golpe muy raro! ––agregó Luis––. Cuando llegué al campamento de Columbia, los soldados no sabían que había ocurrido golpe alguno. Me encontré a Batista en un cuarto, asustado porque no tenía respuesta de la tropa. Aún así me ofreció un ministerio. Le dije que no me interesaba, que seguiría en Prensa Libre“.

¿Es cierto que escribiste la proclama por el golpe de Estado?

Todavía era de noche, y le dije: “General, ¿por qué no hace una declaración pública explicando por qué ha dado el golpe?” Y me respondió, “¿por qué tú  no me la escribes?” Me dieron una máquina Remington. Me dijo algunas cosas y le escribí una paginita. Las relaciones entre nosotros eran buenas entonces.

¿Justificabas un cuartelazo, destruir la democracia?

La economía cubana estaba mejor que nunca, pero los gánsteres tenían el país muy alterado. Yo no estaba viviendo en mi casa. Los pandilleros me habían condenado a muerte porque en Prensa Libre pedía prisión para ellos. Habían asesinado a Cosío del Pino, gran amigo mío, y, en el diario, armé una gran protesta. El grupo que lo había asesinado comenzó a perseguirme.

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