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La hora de los de chávez o la furia de las víboras

21 marzo 2013 Los comentarios están cerrados

Vargas LLosa/Cubanitoweb

A Chávez le llegó su hora. Sus cómplices temen que la suya también. Y eso explica la opereta y la furia de las víboras.Sí, queridos lectores: es de la famosa novela de François Mauriac de donde tomamos prestado el nombre de estas líneas. Porque viene como anillo al dedo a la opereta con fondo trágico que se representa en Venezuela.No cabe duda de que el Comandante se la buscó. Pudo conseguir el consuelo de un final digno para su turbulenta carrera de mal militar y eficiente demagogo. Prefirió llevar al extremo su pasión narcisista por el mando, ceder ante sus odios y aspirar a la pompa mundana de una apoteosis que lo semejara a Bolívar. Pero se va a quedar con los dolores del prócer, sin un ápice de su grandeza. Lo que hay en torno suyo, esa carrera por los restos de la piñata que va a romperse, es lo que tiene merecido su memoria. Los que conspiran en silencio para alzarse con trozos del poder tienen comprometida su conciencia y justos temores por el examen de su conducta. Porque saben que se robaron a Venezuela, que la condenaron a cien años de abandono y que ha llegado la hora de que respondan ante la Historia.Ese país perdió, porque se la robaron, la mayor bonanza que ha tocado a las puertas de cualquier nación latinoamericana. Tres millones de barriles de petróleo a cien dólares, para simplificar cuentas, montan trescientos millones de dólares diarios, más de cien mil millones de dólares por año. De lo que no hay ni especies náufragas.

Después de 14 años de producir semejante fortuna, a Venezuela no le ha quedado nada. Y eso era lo que tapaba Chávez con su agresividad de “rufián de barrio” y sus maromas de populachero de tercera categoría. Se va con el mérito de no haber permitido que esa pregunta se la hicieran en serio, con lo que se economizó el costo de una respuesta imposible.

Venezuela no tiene un camino, ni un puerto, ni una fábrica, ni un colegio ni un hospital para mostrar como resultado de esa danza millonaria. En cambio, arruinó lo que tenía de industria y lo que producía de comida. Y se gastó hasta el último barril de petróleo, dejando la pesada carga de una deuda que tardará muchos años en pagar. Nada de eso es enteramente atribuible a la improvisación y a la ineptitud de un régimen comandado por un sujeto clamorosamente incompetente. Descontado ese fardo, surge patente que a Venezuela se la robaron y las víboras sobrevivientes no quieren enfrentarse a la gran cuestión que alguien, algún día, les propondrá a nombre de ese adolorido país: ¿dónde están mis reales?

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