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Mi Vindicación de Cuba

18 agosto 2010 4 comentarios

Cubaencuentro/Cubanitoweb

Basurero cubano

Pienso en Martí en este instante. Recuerdo sus palabras encendidas en aquel documento que dio en llamarVindicación de Cuba, donde a nombre de los sin voz el Maestro respondía a una diatriba del diario The Manufacturerque nos acusaba de incapaces y blandos, de pobres en el empeño de fundar una nación verdadera. Y de haraganes, también.

Hoy quien nos tilda de haraganes no es The Manufacturer. Se llama Granma, y es el periódico oficial de este país. Quien siga sus páginas diariamente sabe de qué hablo: de los constantes y cada vez más agresivos términos con que sus periodistas se refieren a un fenómeno evidente en la sociedad cubana actual: el no vínculo laboral de gran parte de la población, sobre todo, en sectores jóvenes.

Atendiendo a lo que proclaman nuestros mass media, parecería que las ofensivas palabras de aquel diario son desempolvadas en nuestra Isla actual. ¿Qué significa esto? Que la más reciente cruzada emprendida por la oficialidad cubana es contra los haraganes, para los cuales incluso nuestro Código Penal recoge medidas dispuestas a título de Peligrosidad Social.

Los editoriales del Granma dicen: hay que erradicarlos. Hay que cortar la haraganería de raíz. Por mi parte, para apuntar mis argumentos, me permito desmontar algunos conceptos elementales.

De aquel lado del mar…

Si algo pare esta tierra fértil, además de frutas, tabacos y beisbolistas, son hombres trabajadores. Hombres que detrás de cada adversidad o imposible artifician la manera de lograr sus empeños, siempre con esfuerzo, siempre con trabajo. Tenemos una legión de obreros que cada mañana se levantan de sus camas sin saber qué podrán desayunar, qué dejarán a sus hijos para el almuerzo, con qué transporte llegarán a sus centros laborales a tiempo, con qué herramientas cumplirán con sus funciones durante las ocho o diez horas que permanezcan en sus puestos.

Y como estos tenemos, también, otra legión de los que se cansaron de esa amarga letanía y decidieron, a cuenta y riesgo, probar su suerte en otras orillas.

¿Cuántos emigrantes tenemos desperdigados por el mundo? Es una cifra que jamás sabremos con exactitud. Pero lo cierto, lo inobjetable, lo que ningún periodista de Granma ni ningún directivo fantaseador puede negarnos es que de los cubanos que emigran, el inmenso por ciento vive decorosamente con el sudor de su trabajo.

Los recibimos por miles, recién llegados de Miami principalmente. Allá dejan un trabajo inestable, que no saben si conservarán a su regreso. Dejan deudas, la mayoría. Pero viven. No subsisten.

Y vivirían incomparablemente mejor si no tuvieran a sus familias de acá, que como sanguijuelas involuntarias necesitamos chupar un porciento de sus ingresos para comer un poco mejor, para vestir sin harapos, o para darnos ese puñado de ínfimos placeres que de tan escasos, terminan por antojársenos excepcionales.

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