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Del estalinismo al “timbirichismo”

18 octubre 2010 1 comentario

Cubaencuentro/Cubanitoweb

Los nuevos trabajos por cuenta propia no son más que una mascarada para tratar de demostrar que el castrocomunismo “permite” realizar labores por cuenta propia, tratan de soterrar el enorme fracaso económico del régimes, lo real, las inversiones extranjeras que permitirán a corto plazo sacar al país de la crisis, ni se les ocurre hacerlo, perderían el control económico sobre la sociedad.

Un cubano repara su bicitaxi en una calle de La Habana.

La decisión del gobierno cubano de resucitar el trabajo por cuenta propia, hasta 178 oficios, y de autorizar la creación de pequeños negocios en los que se podrá contratar empleados, equivale a montar a la Isla en la máquina del tiempo y trasladarla al 13 marzo de 1968, en horas de la mañana, antes de que el dictador decretara esa tarde la confiscación de los 57.280 pequeños negocios que todavía funcionaban en el país.

El régimen mata así dos pájaros de un tiro: cobrará impuestos a los cientos de miles de personas que hasta ahora han ejercido esos oficios clandestinamente; y se lava las manos como Poncio Pilatos para pasarle a los “cuentapropistas” y los “timbiriches” (pequeños y muy precarios negocios privados) la suerte de los 500.000 trabajadores que serán despedidos al grito de “¡sálvese quien pueda! que papá Estado ya no da más.

Es ésta la aceptación institucional, oficial, de que “el modelo cubano” no funciona, como admite hasta el mismísimo Fidel Castro. Por cierto, el comandante habla de un modelo cubano que él sabe no existe. En la Isla ha imperado un sistema sin nacionalidad alguna, pues el esquema comunista es idéntico en todos los países en que se aplica, no importa si se llama Cuba o Corea del Norte. O sea, el castrismo se vende a sí mismo como un socialismo tropical original, con palmeras y salsa, cuando es en verdad un régimen estalinista químicamente puro importado de Rusia al 100%.

El “cuentapropismo” —ya lo hubo cuando la desintegración de la Unión Soviética provocó la caída de un 35% en el Producto Interno Bruto de Cuba—, no es otra cosa que la economía rudimentaria de tipo artesanal que había en el mundo antes de que al compás de “la revolución de las máquinas” se iniciase en el siglo XVIII la edificación del mundo industrial que hoy conocemos.

El viaje del hombre a la Luna, los satélites, los rayos laser, la Internet, la biotecnología, la energía nuclear, los rascacielos, la TV, el cine, los aviones y la revolución científico-técnica a la que asistimos hoy no son hijos del pequeño taller artesanal y comercial que había en la época de Luis XIV de Francia.

La modernidad no emergió de la labor aislada de entrenadores de perros, payasos para fiestas, cartománticas, vendedores de coquitos acaramelados, amoladores de tijeras, reparadores de colchones viejos, afinadores de piano, cuidadores de plazas públicas, costureras, forradores de botones, maniseros, masajistas o floreros —oficios todos muy respetables—, sino de la inversión de capital en gran escala, la aplicación de nuevas tecnologías, el empleo masivo, y la elevación constante de la productividad del trabajo.

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Concierto para olvidar u ocultar

7 septiembre 2009 5 comentarios

Resistenciacuba/Cubanitoweb

Pregunta: ¿por qué la dictadura invita a Juanes a dar un concierto en Cuba?

Primeramente, lo que salta a la vista es la evidencia: si lo hace es por que puede hacerlo. Pinochet no hubiera invitado nunca a ningún artista a un concierto en Chile durante su dictadura porque no hubiera ido nadie. La dictadura castrista invita porque sabe que irán.
Lo interesante con este concierto es que ya responde a algo bastante curioso. Responde a la imagen que vehicula el régimen totalitario castrista, al imaginario que suscita, a toda su simbología. Responde a la representación que de este régimen se hacen algunas personas, y en particular esa franja de la cultura que va del artista plástico al escritor, pasando por el poeta y el músico. Un paréntesis: podemos notar que los filósofos importantes del siglo nunca cayeron en estas falsas representaciones, en estas mitologías y mitos fabricados por el castrismo. El único fue Sartre, en los primeros meses de la supuesta revolución, y sabemos que pocos años después Simone de Beauvoir respondía diciendo que no quería saber nada de ese régimen que había frustrado y desviado una revolución, para ellos pura en sus origines. El caso Padilla los alejó definitivamente del castrismo.

Otros agentes de la cultura, europea principalmente, hacían un viaje a Cuba durante los años 60, 70 y 80 con un romántico entusiasmo que transportaba a algunos hasta las lagrimas. El concierto de Juanes revela que perduran imperturbables los mismos mitos y falsificaciones, cuando ya es sabido y sobradamente que el castrismo es un totalitarismo de la misma índole que el nazismo o el estalinismo. Hay que notar que el viaje de André Gide en la URSS y su libro de denuncias sobre el régimen soviético y su ideología es de 1936, y que en 1975 todavía se alababa al estalinismo, aun así conocidos los testimonios de sus crímenes y de su terror. Podemos verificar con este concierto que todavía siguen algunos tapándose los ojos, encubriendo el pensamiento y enmascarando celosamente la verdad. Por falta de conocimientos, y sobre todo por ceguera voluntaria, por no querer ver la realidad enfrente.

El régimen castrista ha contado desde sus primeras horas con esta falsificación de su verdadera historia, orquestada a partir de canales de propaganda malignamente organizados y subsidiados. Los agentes de la cultura fueron los principales propagandistas de esta falsificación general supuestamente “revolucionaria”. La orquestación de este concierto de Juanes por la dictadura continúa esta labor de zapa y de manipulación que podemos situar en la guerra sicológico-cultural que la tiranía castrista llama “batalla de ideas”.
Por una parte, la dictadura invita a Juanes a hacer una fiesta en La Habana porque sabe que aceptará la invitación, y porque sabe que no le va a costar un céntimo. Por otra parte, si Juanes y sus amigos van a Cuba es porque imaginan y piensan, conscientemente o inconscientemente, que en la isla no hay dictadura, ni totalitarismo y que a fin de cuentas el régimen de La Habana es simpático y amable. Para estos cantantes, como para algunas personas, la dictadura no ha alcanzado el nivel lo suficientemente criminal ni dictatorial como para abstenerse de aceptar la invitación. Para estos cantantes, el régimen cubano merece respeto y admiración, aunque tan solo sea por la educación y la salud tan maravillosa que ha propiciado a los cubanos.

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