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Antonio José de Sucre, una historia inmerecida lo castiga

6 junio 2013

Isa Dobles/Cubanitoweb

Lástima que se hayan olvidado de este patriota insigne de toda América. Es verdad, Bólivar tiene que andar todavía por esta la América Nuestra.

El martes se cumplió un año más del asesinato de Antonio José de Sucre, uno de los venezolanos más importantes de nuestra historia. Nadie lo nombró. Nadie tuvo necesidad de utilizarlo. Armonía, lealtad, integridad. Todo lo reunía aquel cumanés primer Presidente de Bolivia. Sucre ha tenido la mala suerte de ser todo eso que por supuesto no está de moda hoy cuando el cinismo y la mediocridad campean libre y vorazmente. Yo siempre he sido una ferviente admiradora del Mariscal.

SUCRE
 Yo lo he trabajado acuciosa y respetuosamente en documentales y entrevistas imaginarias. Cuando comencé en la Televisora Nacional siendo su Director nuestro Oscar Yánez, me propuse ir hasta Berruecos para visitar el lugar y para ello tuve que pedir ayuda a la Embajada de Colombia cuyo Embajador era entonces Don Germán Arciniegas.
Recuerdo esa tarde en su despacho, extendido sobre el suelo un mapa, buscando el lugar. Señalándolo, me dijo muy serio: “todavía sigue siendo una riesgosa aventura llegar a Berruecos.”Dos días después me detalló lo pautado para lograrlo. Me esperaría el “Batallón Cundinarmarca“ en Pasto. Viajaría a Cartagena y desde allí en un avión militar, dormiríamos en el cuartel y por tierra viajaríamos hasta Berruecos. Ni Óscar Yánez ni mis compañeros, camarógrafo y director, sospechábamos cuan duro sería todo. “El mismo Sucre desconocía donde se metía”.-había comentado el Embajador y escritor Arciniegas.
El “batallón” era un único soldadito solitario cuidando su “jeep”; el avión parecía de lona y no acababa de bajar en las turbulencias del páramo cuando subía por otra. Dormimos en catres y al amanecer salimos. Llegamos al pueblo de Berruecos que no tenía nada que ver con el sitio siniestro. Impresionante las montañas, los ríos, tenebroso Berruecos, húmedo, una llovizna pertinaz que parecía llorar todavía aquella muerte.
Frente al monolito que señalaba el lugar exacto de su asesinato, me senté a escribir. No quería perder aquella emoción única y dolorosísima. Recorrí tras su huella humana y libertadora su vida para recordarles a los venezolanos lo que Sucre representa, esa Venezuela de honor y armonía humana que somos en lo mejor de nosotros mismos, que rebate esto tortuoso, obscuro, que se empeñan que seamos. Sucre descansa en la Catedral Metropolitana en quito, Ecuador. Sobriamente, respetado, querido.
Allá me llevé yo a la Soledad Bravo de todos a cantar, a su lado, una malagueña.
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