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LA CUMBRE DEMOSTRÓ QUE EL GOBIERNO ES “UNA SENSACIÓN”…

6 diciembre 2011

Radar de los Barrios/Cubanitoweb

A la izquierda, avenida "decorada" para la Cumbre de la CELAC; A la derecha, ejemplo de la "vialidad" de que dispone el 54 % de ciudadanos que vivimos y luchamos en los barrios populares de toda Venezuela...

¿Cómo fue posible en días bachear vías principales que tenían casi diez años llenas de huecos y fracturas horrendas? ¿Cómo fue que el gobierno pintó aceras y brocales en dos semanas si no lo había hecho en dos lustros? ¿Cómo se las arregló el gobierno para llenar de césped y plantas navideñas vías en las que apenas ayer eran incapaces de cortar el monte? Ninguna de estas preguntas es un misterio para los habitantes de los barrios. Desde hace muchísimo tiempo hemos visto como diversos gobiernos hacen una “operación de maquillaje urbano” a la hora de un evento especial. Como dicen nuestras abuelas, “barren por donde pasará la novia”. Eso no es nuevo. Lo “nuevo” es que esta vez lo hizo un gobierno como el de Chávez, que dice tener un compromiso con los pobres y, sobre todo, un especial compromiso con la igualdad social. Veamos de inmediato en que abismo ético quedaron tanto el amor por los pobres como la oferta igualitaria, con motivo de la Cumbre de Presidentes y Jefes de Estado que dió origen a la Comunidad de Estados Latino Americanos y Caribeños, CELAC.

 

Leche en polvo, aceite, azúcar, expendidos en plena via pública a precio de oro, cerro arriba, barrio adentro...

En el capitalino Municipio Libertador hay 1800 barrios. En el Municipio Sucre del Estado Miranda hay 2500. En toda la Gran Caracas (incluyendo Altos Mirandinos, Valles del Tuy, Eje Guarenas-Guatire y la parte central de Vargas) hay un total aproximado de 6000 barrios. En TODOS ellos la vialidad interna es un desastre, por lo que servicios públicos fundamentales como el Aseo Urbano y el patrullaje policial no llegan sino hasta la entrada. Igualmente en TODOS ellos la vialidad externa, la que conecta al barrio con los centros de empleo y de servicios en la mal llamada “ciudad formal”, esta tan destruida que ir al trabajo o al “rebusque” se transforma en una travesía diaria que puede durar hasta seis horas, tres de ida y tres de vuelta. Estas realidades se conectan para impactar en dos dimensiones fundamentales de la vida cotidiana: la inseguridad y el costo de los alimentos.COSTO POLÍTICO INTERNO DE LA “OPERACIÓN MAQUILLAJE”

VIALIDAD VERDADERA Y BAJO COSTO DE LA MUERTE

En efecto, al no existir una vialidad interna decente en el barrio, el mismo se transforma en una inmensa guarida para bandas hamponiles, pequeñas pero bien armadas, que lo utilizan como escondite, como desguazadero de vehículos, como “conchas” para “enfriar” el botín o para retener a víctimas de secuestros, seguros de que ningún policía irá a buscarlos a través de la intrincada maraña de callejones, escaleras, pasadizos y desfiladeros que constituyen las únicas “caminerías” de que disponen los habitantes de los sectores populares, pues cada escalera, cada esquina o matorral es potencial escenario para una emboscada. Emboscada extremadamente sangrienta, además, pues los techos de zinc y las paredes de madera o de bloque hueco no brindan protección alguna frente a los proyectiles de las 9mm o de los FAL y AK que se han transformado en las nuevas “armas de reglamento” del hampa. Es por eso que la inmensa mayoría de las víctimas en enfrentamientos de bandas, o de confrontaciones entre estas y la fuerza pública, son habitantes de los barrios que nada tienen que ver con los protagonistas de la plomazón. Los malandros se resguardan con la ventaja táctica que les da con el conocimiento detallado del terreno y los policías se protegen con sus chalecos y cascos antibalas, mientras los habitantes de los barrios paran las balas con sus cuerpos. Las personas decentes, honestas y trabajadoras, inmensa mayoría de la población de los sectores populares, terminamos siendo primero rehenes de los violentos, y luego escudos humanos. Las estadísticas oficiales de la inseguridad lo corroboran. Combinado todo esto con una impunidad brutal (pues, según el mismo gobierno, solo uno de cada diez crímenes llega a tribunales, lo cual a su vez tampoco es garantía de que el proceso termine en sentencia…), podemos explicarnos porque la Venezuela actual se ha transformado en uno de los países más peligrosos del mundo: Aquí “nadie paga muerto”, el “costo de la muerte” es muy bajo…

VIALIDAD VERDADERA Y ALTO COSTO DE LA VIDA

Al lado del “bajo costo de la muerte”, el alto costo de la vida es la otra cara del problema de la vialidad en los barrios: La precaria y peligrosa vialidad interna en el barrio hace que la gente se desplace lo menos posible hacia lejanos automercados para comprar víveres. Lo ínfimo del ingreso tampoco lo facilita: los pocos que en el barrio tienen trabajo formal perciben apenas sueldo mínimo, y la inmensa mayoría que subsiste gracias al “rebusque” informal, vive “al día”, es decir, no “hace mercado” semanal, quincenal o mensual, sino que va adquiriendo diariamente lo que necesita para esa jornada. Como la inseguridad no permite el funcionamiento de abastos formales importantes en las cercanías de estas comunidades populares, quienes en ellas vivimos quedamos en manos de expendedores informales que suelen vender los alimentos a precios superiores no solo de las regulaciones oficiales, sino incluso muy por encima de las referencias de mercado. La excusa es que transportar alimentos a través de peligrosas y destruidas vías para llevarlos al barrio es difícil y costoso, y que colocar los alimentos allí, al lado de quien los necesita, implica un precio adicional. “Pago de flete” y “costo de oportunidad” dejan de ser categorías económicas y se transforman en explicaciones de lo inexplicable: En nuestra Venezuela, los pobres pagamos por los alimentos muchísimo más (hasta 81 %, reportó en días recientes una empresa encuestadora) que lo que por esos mismos alimentos paga la clase media o la clase alta.

ESTEROIDES, MIEDO Y CACEROLAS

"¿Que es eso que suena?" preguntó un temeroso Raúl Castro, cuando el ruido ensordecedor de las cacerolas llegó hasta el bunker militar en que sesionaba la CELAC. "Nada, no es nada, es elpueblo celebrando", mintió el otro, más temeroso aún, porque sabía que el sonido atronador provenía de los barrios populares de El Valle y Coche, sumados a la protesta de toda Caracas que le decía a los presidentes extranjeros: "La seguridad de que disfrutan alli enel bunker es sólo una sensación..."

 

Una “sensación de armonía” se puede mantener, durante un corto tiempo, a realazos. Pero hacer sostenible en el tiempo la convivencia, la calidad de vida y la gobernabilidad requiere tener al frente del gobierno (nacional, capitalino y municipal) a gente que -además de “reales”- tenga un proyecto claro para mejorar la vida, un método preciso para hacer realidad ese proyecto y equipos de trabajo con calidad profesional capaces de hacer bien lo que hay que hacer. Incapaz de cambiar para bien la realidad, el gobierno del Presidente Chávez se conformó con crear una “sensación” de seguridad, ornato y confort para los ilustres visitantes de la CELAC. Los presidentes fueron encerrados en Fuerte Tiuna no para “protegerlos” de impensables ataques terroristas, sino para evitar que vieran la realidad de una Venezuela petrolera y multimillonaria que se cae a pedazos. Pero hasta allá llegó el ruido de las cacerolas, tan fuerte que asustó a Raúl Castro en medio de su intervención. Para su consuelo, quizá sería bueno que supiera que cerca de él había otro presidente, hinchado de soberbia y esteroides, más asustado todavía…

Para tener una vida segura en una Venezuela decente no basta con cambiar la pintura de las aceras. Además hay que cambiar el gobierno.

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  1. 7 diciembre 2011 en 5:24 pm
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