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Muamar Chávez y Hugo el Gadafi

8 marzo 2011

Cubaencuentro/Cubanitoweb

Eugenio Yáñez

Gadafhi y Chávez. Dictadores amigos

El papel de un mediador puede ser decisivo en la solución de conflictos, y aunque no siempre es bienvenido —a menos que ninguna de las partes enfrentadas pueda prevalecer—, si se presenta una oportunidad propicia, la mediación puede dar resultados positivos.

Un mediador requiere credibilidad para ser aceptado por las partes, considerando que asumiría una posición neutral en la búsqueda de una salida aceptable para todos. Además, se supone que tenga acceso a las partes en conflicto para buscar soluciones.

Es difícil creer que un inveterado e inculto pendenciero con mentalidad cuartelera como Hugo Chávez pueda resultar un mediador aceptable en la crisis libia para quien no sea su cómplice.

En un caso geográfica y culturalmente cercano, como el conflicto Colombia-Ecuador, por el aniquilamiento del narco-terrorista de las FARC Raúl Reyes en territorio ecuatoriano, y sin que nadie se lo pidiera, Chávez demostró irresponsabilidad y espíritu belicoso sin precedentes, para que ahora alguien crea que puede ser útil en el conflicto que desangra a Libia por la obstinación de Gadafi de aferrarse al poder como si fuera monarca por gracia divina.

No puede ser nunca un mediador imparcial quien apoyó abiertamente al dictador libio: “No soy una veleta, una veleta que va a dejarse llevar por el viento que sople, como todo el mundo dice hoy que Gadafi es un asesino, entonces Chávez va a decir también que Gadafi es un asesino. No me consta, sencillamente no me consta, y no voy yo a condenarlo”, añadiendo que si condena a Gadafi “sería yo un cobarde, a quien ha sido mi amigo, nuestro amigo por mucho tiempo, sin saber sencillamente lo que en Libia está ocurriendo”.

Los libios en Bengasi rechazaron “tajantemente” la propuesta del golpista venezolano. Hasta el hijo del carnicero libio, Saif el Islam Gadafi, declaró: “Es como si yo fuera a propiciar un acuerdo en el Amazonas… los venezolanos son nuestros amigos y los respetamos y nos gustan, pero están lejos y no tienen ni idea…”. La Liga Árabe, por su parte, lo único que dijo es que “se están manteniendo consultas”.

Washington saltó de inmediato: “No necesitamos una comisión internacional para decir al coronel Gadafi lo que debe hacer por el bien de su país y su pueblo, que es irse”. El Ministro de Asuntos Exteriores francés expresó claramente que “cualquier mediación que permita al coronel Gadafi sucederse a sí mismo no es bienvenida”. Incluso su homólogo italiano señaló: “Si la sustancia de la propuesta es la permanencia en el poder de Gadafi, me parece muy difícil que la comunidad internacional e Italia puedan aceptarla”.

Pero Fidel Castro y Chávez apuestan a la doble moral en boga: mientras Londres congela los activos del fondo soberano de Gadafi y captura un barco con 117 millones de euros con destino a Libia, Italia no congela activos libios en empresas como la petrolera ENI, FIAT Auto, Unicredit (el mayor banco italiano), y el fabricante de armas Finmeccanica.

Chávez propicia, aupado por Fidel Castro, dar tiempo a Gadafi para que fortalezca su posición, que los rebeldes libios queden cortos en logística con una correlación de fuerzas desfavorable frente a los recursos y tropas del dictador, para que éste recupere su poder en todo el país y evitar la debacle.

Fidel Castro desnudó su propio pensamiento al “reflexionar” apoyando a Gadafi: “A diferencia de lo que ocurre en Egipto y Túnez, Libia ocupa el primer lugar en el Índice de Desarrollo Humano de África y tiene la más alta esperanza de vida del Continente. La educación y la salud reciben especial atención del Estado. El nivel cultural de su población es sin dudas más alto”.

Traducción: si hay educación y salud, pretender exigir libertad y derechos humanos son inventos “imperialistas” contra los pueblos. Un líder tiene derecho a masacrar al pueblo si los ingratos no reconocen lo que hace el dictador por su felicidad. Cualquier parecido con la realidad cubana del último medio siglo no es pura coincidencia.

Ni Chávez ni Fidel Castro están solos: llamaron al ALBA, y demócratas tan prestigiosos como Daniel Ortega, Evo Morales y Rafael Correa se unieron a la propuesta chavista de organizar una mediación para sacar las castañas del fuego al tirano libio.

Fidel Castro, un Gadafi cubano, pretendió santificar la burda maniobra: “El presidente bolivariano, Hugo Chávez, realiza un valiente esfuerzo por buscar una solución sin la intervención de la OTAN en Libia. Sus posibilidades de alcanzar el objetivo se incrementarían si lograra la proeza de crear un amplio movimiento de opinión antes y no después que se produzca la intervención, y los pueblos no vean repetirse en otros países la atroz experiencia de Iraq”.

Pero Chávez no tiene historia, prestigio, talento ni experiencia para actuar de mediador ni en una disputa familiar, después de haber polarizado la sociedad venezolana al máximo, y ser un foco de conflicto permanente en América Latina. Sus únicas posibilidades como mediador son crear un frente de “antiimperialismo militante” para apoyar al tirano libio contra su pueblo. Nadie más que sus cómplices estarían dispuestos a apoyarlo seriamente en esta aventura.

La buena noticia es que Muamar el Gadafi, a diferencia de su hijo y pretendido sucesor a un poder que se extingue, terminó aceptando la oferta mediadora de Hugo Chávez, lo que podría parecer una victoria para Fidel Castro. Sin embargo, significa realmente que el carnicero libio sabría que no puede derrotar la rebelión: necesita oxígeno “bolivariano” para continuar masacrando, contando con que “el imperio” se mantendrá pasivo, pues son muchos los intereses económicos en juego.

Afortunadamente, cuando los pueblos se cansan de contemplar la historia y se deciden a escribirla, tiranos, alcahuetes y “reflexiones” valen menos que la supuesta capacidad de mediación de Hugo Chávez.

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