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El Fascismo y el Comunismo son líneas paralelas

29 agosto 2010

Foros NH/Cubanitoweb

Hugo Chávez en Venezuela trata de emular a estos tiranos,pero claro no les llega pero ni a las chancletas,trata de emular sus discursos grandielocuentes, su control total, sus manías de grandeza, el culto ala personalidad, pero solo es un obsecado analfabeto funcional que dice que 8×7 es 52 y escribe felicidad con s. La guardia pretoriana que lo custodia muestra otra faceta de este ser: el miedo. Estas reflexiones de un forista, muestran las semejanzas de varios dictadores en la historia contemporánea, de como Fidel se ha valido de las tácticas fascistas y nazistas para lograr sus objetivos. Es así: El fascismo y el comunismo son dos líneas paralelas que en el infinito se unen.

Si estudiamos a los dictadores más importantes de los últimos 100 años, cuáles fueron los peores, no sólo por el daño causado a sus pueblos, sino por su impacto internacional: Adolfo Hitler, Benito Mussolini, José Stalin, Mao Tse Tung, Sadam Hussein y Fidel Castro. Émulos de Calígula como Pol Pot, que exterminó a dos millones de sus compatriotas en Cambodia, otros como Amin Dada, Suharto, Mobutu Sese Seko, Francisco Franco, Kim Il Sun, Rafael Leónidas Trujillo, Augusto Pinochet, Juan Vicente Gómez, Porfirio Díaz, o el líder talibán Mohammad Omar, fueron genocidas, pero no afectaron a la comunidad internacional.

Hitler y Mussolini provocaron la más sangrienta y destructiva guerra ocurrida jamás, con 60 millones de muertos, Mao Tse Tung fue más lejos: 65 millones de chinos murieron durante su liderazgo (1949-1976), unos de hambre a causa de la colectivización de la tierra, y otros ejecutados, muchos de ellos durante la “revolución cultural”. Stalin causó la muerte de 20 millones de personas entre 1932 y 1941, la mitad a causa de la colectivización de las tierras y la otra mitad en los paredones de fusilamientos. Sadam Hussein invadió Irán y provocó más de un millón de muertes. Luego invadió Kuwait y originó la Guerra del Golfo Pérsico.

Pero Castro fue más lejos, además de trasladar su otrora próspero país a la Edad Media casi provoca e incluso le pidio a la desaparecida Union Sovietica una guerra nuclear contra Estados Unidos en octubre de 1962. Castro causó la muerte de miles de personas al exportar guerrillas y terrorismo a Latinoamérica, y con sus intervenciones armadas en Angola, Etiopía, Namibia, Argelia, Sahara Occidental, Nicaragua, Argentina, Bolivia, Granada y Venezuela. El próximo primero de enero Fidel Castro alcanzará los 52 años en el poder y mejorará su récord mundial como único mortal que ha sido dictador durante medio siglo.

Hay sorprendentes semejanzas entre Hitler, Mussolini y Castro. Los tres comenzaron abrazados a la izquierda. Hitler se definía a sí mismo como socialista, la bandera de su partido era roja y decretó el 1 de Mayo como día feriado. Odiaba a la burguesía y consideraba que el fascismo y el comunismo eran la misma cosa. El partido nazi fue fundado (1919) con el nombre de Partido de los Trabajadores Alemanes (DAP). La palabra nazi significaba socialismo, pues era la abreviatura de “Nationalsozialismus”. Mussolini, llamado Benito por su padre socialista en honor a Benito Juárez, se inició como líder marxista y movilizaba a los trabajadores en contra del orden “burgués”.

Hitler y Mussolini

Excepcionales oradores, los tres tenían el don de la palabra electrizante, convencían a las “masas” de que lo blanco era negro, y padecían de un desmedido narcisismo. Hitler era ovacionado por multitudes que lloraban; algunas mujeres se desmayaban de emoción. Por eso obtuvo 13 millones de votos en las elecciones de 1932. En cortometrajes realizados por Leni Riefenstahl, documentalista de Hitler, resulta asombroso ver el parecido de Castro y sus masas de adorantes con el líder nazi y sus seguidores, en el hablar con el mismo tono grandilocuente y agresivo, y también con las poses histriónicas de Mussolini, como se aprecia en el documental “El fascismo corriente” (1964), que el soviético Mijail Romm realizó a partir de materiales de archivo.

Castro el asalto a una fortaleza militar, para capturar armas y derrocar al dictador Fulgencio Batista. El ataque fracasó y lo arrestaron. En el juicio a que fue sometido Castro terminó con una frase: “Condenadme, no importa, la historia me absolverá”. Y ese fue el título que le puso al programa político y social que escribió en la cómoda y breve prisión que le tocó. Hitler, en tanto, asaltó el Ministerio de Guerra en Munich. El ataque igualmente fracasó y en el juicio que le siguieron dijo: Aún cuando los jueces de este Estado puedan condenar nuestra acción, la historia, diosa de la verdad y de la ley, habrá de sonreír cuando anule el veredicto de este juicio y me declare libre de culpas”. Luego, en su prisión de nueve meses, Hitler escribió, Mein Kampf.

Hitler llamó gusanos a los judíos. Castro bautizó como gusanos a quienes no estaban de acuerdo con él, que igualmente se podían expulsar del trabajo, despojar de sus propiedades, encarcelar, y hasta fusilar. El Duce creó las camisas negras, cientos de miles de fanáticos con los que entró en Roma y tomó el poder el 30 de octubre de 1922. Hitler organizó las camisas pardas, convertidas luego en horrendas tropas de asalto, y Castro organizó las camisas azules de las milicias armadas en 1960, luego las desarmó y las llamó Milicias de Tropas Territoriales (MTT), y por último creó las Brigadas de Respuesta Rápida, sin uniforme para que parezcan civiles, y que el gobierno envía a reprimir a golpes cualquier amago de protesta pacífica.

Otro enlace entre ellos es el de inventarse un mundo fantástico y aferrarse a ideas fijas desconectadas de la realidad. Con Berlín ya ardiendo, y el Ejército Soviético casi a las puertas de su bunker, Hitler continuaba contemplando los planos del futuro Berlín del Tercer Reich que los arquitectos Hermann Geisler y Albert Speer habían realizado. Hoy, con el país soltando los pedazos debido a un sistema social inviable y fracasado que sólo genera pobreza y esclavitud, Castro insiste en sus reflexiones que “el futuro pertenece por entero al socialismo”.

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