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El mundo tropezó con Honduras

21 agosto 2009

Estrategia de Negocios/Cubanitoweb

El futuro de las relaciones internacionales tendrá que ser visto a la luz (o las sombras) que deje la solución del problema hondureño. ¿La comunidad internacional hizo un esfuerzo por entender la raíz de la crisis?

Oscar Arias y Roberto Micheletti

Oscar Arias y Roberto Micheletti

Los soñadores demócratas del mundo, género muy distinto de los idealistas, han topado con Honduras y están perdiendo la razón (al menos eso parece),  pues han sido sorprendidos por la gente grande de ese pequeño país  y han desatado una vorágine del absurdo contra las decisiones soberanas de los hondureños.

Los ciudadanos de este país centroamericano todavía no dimensionan la trascendencia de sus actos,  pues no se han dado cuenta de que en sus manos está el futuro del respeto a la dignidad y a la soberanía de todos los pequeños pueblos de la Tierra. El futuro de las relaciones internacionales tendrá que ser visto a la luz (o las sombras) que deje la solución del problema hondureño, complicado al extremo por el irracional comportamiento de los grandes actores políticos y mediáticos del entorno mundial.

Para comprender la realidad del caso de Honduras hay que analizar sus tres facetas  y así poder emitir un juicio:
l El origen del problema: el fondo
l El manejo del problema: la forma
l La reacción internacional

El fondo
El destituido ex presidente Manuel Zelaya fue elegido como un presidente conservador, que a mitad de camino cambió de bando (traicionando a quienes habían votado por él) y se convirtió en un populista redentor, ilusionado con emular a Hugo Chávez y sus seguidores (Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega).

Zelaya olvidó que los hondureños son de otra casta; los creyó tontos y cobardes y por eso hoy paga el precio de su soberbia.

Le gustó la idea de sus compadres del sur y quiso alargar su estancia en la Presidencia. Sin embargo, la Constitución hondureña prohíbe la reelección. Aún así, insistió en cambiarla realizando un referéndum. La Constitución de Honduras establece que solo el Congreso puede convocar a un referéndum y, claramente, se negó a realizarlo.

A su vez, el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos sumó su opinión, declarando que era inconstitucional. El Tribunal Supremo Electoral, en tanto, también lo rechazó (en última instancia, él era la única autoridad competente para implementarlo).

A pesar de todas las opiniones e interpretaciones en contra, Zelaya ordenó a la Fuerzas Armadas tomar el control del ilegal proceso de consulta.

Las Fuerzas Armadas le advirtieron que ellos tenían la obligación de obedecer,  primero, a la Constitución y después, al Presidente, por lo que rechazaron la orden por inconstitucional.  Zelaya, entonces, decidió destituir al jefe del Estado Mayor Conjunto, general Romeo Vásquez.

Acto seguido, la Corte Suprema de la Nación declaró ilegal el despido y ordenó la restitución del general Vásquez. Zelaya desconoció la orden de la Corte Suprema y en una actitud irresponsable y temeraria, lideró una turba de seguidores e invadió las instalaciones militares de la Fuerza Aérea, donde estaban resguardadas las urnas de la consulta ilegalizada por todas las autoridades del país.

En medio de todo ello, los militares hicieron gala de prudencia y dejaron a la turba saquear sus instalaciones; evitando con ello el derramamiento de sangre que se hubiese provocado.

Así, Zelaya siguió con sus planes y para el conteo de los votos contrató él mismo una compañía, lo que lo convirtió en juez y parte… ¡excelente!

Pero, el Congreso, a través de una comisión multipartidaria (incluido el partido de Zelaya), ya había iniciado una investigación al Presidente, la cual concluyó que éste había violado las leyes y pidió al Parlamento que declarara a Zelaya incompetente y le iniciara un proceso legal.

Esto significa que, constitucionalmente, al momento de ser detenido por el Ejército en su residencia, Manuel Zelaya ya no era presidente de la República de Honduras; sino un ciudadano cualquiera.

La forma
Sacar a un ciudadano de su casa en pijamas a las 5 de la mañana, aun y con una orden judicial, no son maneras; y menos cuando el señor cree que todavía es el Presidente de la República. Pero, en todo caso, como dijera el maestro Antonio Burgos, desde España, el pecado de los militares hondureños es más “de estética que de ética”. Donde al parecer sí hubo una violación más grave a las leyes hondureñas fue cuando el ex Presidente fue sacado del país y enviado a Costa Rica .

Usted se preguntará:  “¿más grave que, qué… Qué toda la serie de violaciones previas a la Constitución realizadas por Zelaya?”  “¿Por qué intervino el Ejército en su detención?” “¿Cuál habría sido la diferencia si lo detiene la Policía?”

El fundamento jurídico de la destitución de Zelaya está plenamente comprobado. Por otra parte, podemos dudar de que los procedimientos seguidos para destituir a Zelaya hayan sido o no los correctos; pero de lo que podemos estar completamente seguros es de lo positivo del espíritu que motivó dichas acciones.

¿O es que había tiempo para la ortodoxia judicial después de la experiencia vivida días antes con la toma violenta por parte de Zelaya y su gente de las instalaciones militares de la Fuerza Aérea hondureña?

¿Era prudente poner en riesgo la vida de aunque sea un hondureño, deteniendo al ex Presidente para que sus seguidores trataran de rescatarlo violentamente?

Lo interesante de todo este episodio es que ha sido la base de la manipulación  manejada por muchos gobiernos y medios de comunicación.

Al grito desaforado de “¡golpe de estado… todos contra Honduras!”, los ambiciosos paladines de la democracia mundial han armado “un tango” tan ridículo que no soporta ningún debate serio ante la opinión pública.

La síntesis para esta segunda parte seria que los maestros de la manipulación democrática han elegido centrarse en la forma y menospreciar el fondo del problema hondureño.

Reacción internacional
El conflicto del pueblo hondureño tiene más trascendencia de lo que se cree.
“No es la primera, ni será la última vez, en que toda una cadena de desinformación y de presiones políticas y económicas cae injustamente sobre un pueblo que no quiere pasar a ser esclavo de una tiranía. Lo que mundialmente se hace contra Honduras parece una  pesadilla”, afirmó Luis Fernández Cuervo,  analista de Arvo.NET

Y este es el gran peligro para la humanidad que ha desvelado Honduras: demasiados grandes actores de la política internacional y de la opinión pública han fallado, sin consecuencias para ellos, en su deber ético de conocer y apoyar la verdad. Violaron, incluso, de manera absurda, el principio más básico de la justicia: el derecho de audiencia del “acusado”.

Despreocupados por la búsqueda de la verdad, vimos como gran cantidad de presidentes y organismos internacionales se lanzaban apresurados a sumar sus gargantas embravecidas a la acusación sin haber escuchado a las dos partes: Honduras y los hondureños: culpables; Manuel Zelaya: inocente.

No debemos de extrañarnos, es el ejemplo que ha venido dando las Naciones Unidas (ONU), la institución más antidemocrática de nuestro mundo. Cuando la humanidad entera puede ponerse de acuerdo en algún aspecto, basta que alguno de los cinco países con derecho a veto lo ejerza para que el resto del planeta se fastidie.

En el caso hondureño, la OEA y su secretario general, José Miguel Insulza, son excelentes ejemplares de esta amenaza a la soberanía de las naciones (las débiles, por supuesto, que somos la mayoría).
¿Qué debió hacer la OEA? Lo primero:  no tomar partido de antemano en el pleito, teniendo, además, bien claro, que la legitimidad democrática de un país se asienta en los tres poderes del Estado y no en las masas de la calle.

La incongruencia de la OEA es inverosímil. En mayo invita a una dictadura militar que lleva 50 años en el poder –Cuba– a integrase a ese organismo internacional, y en junio suspende a un país democrático con todas sus instituciones gubernamentales, políticas, sociales y religiosas vigentes y operando libremente (Honduras).

Pero esta incongruencia no es exclusiva de la OEA. La comunidad internacional se ensaña con Honduras, frente a un problema interno, pero no ha respondido así ante casos recientes, mucho más graves, como  la invasión de Rusia a Georgia, la amenaza de Corea del Norte a la paz internacional, la negativa de Irán a suspender su plan nuclear o la matanza de decenas de musulmanes Uigures en China.

¿Esto es  incongruencia o cobardía disfrazada de prudencia?
Álvaro Vargas Llosa, decía hace unos días, y decía bien: “La OEA, conducida por José Miguel Insulza, de quien me precio de ser amigo, ha actuado como un verdadero perro faldero de Venezuela”.
La actuación de  Insulza en el caso hondureño ha sido claramente injusta y prepotente. Al inicio de la crisis, fue a Honduras, no a dialogar, sino a dar un ilegal “ultimátum” al nuevo gobierno legalmente constituido. Un periodista mexicano enviado a Honduras, reportó que, durante esta visita, Insulza “evitó contactos con el gobierno de facto, aunque sí se entrevistó con dirigentes políticos y la resistencia zelayista”

La incompetencia de Insulza fue la que hizo que la comunidad internacional tuviera que recurrir a los buenos oficios del Presidente de Costa Rica y Premio Nobel de la paz, Oscar Arias como mediador en la crisis. Este comportamiento de la OEA la acerca más a un tribunal, que a lo que en realidad es: un órgano político internacional. Pero además, al intervenir en los asuntos internos de un país, deja de ser un organismo internacional, para convertirse en un órgano supranacional, que está por encima de la soberanía de cualquier país y esto es mucho más grave que todo lo hecho por Manuel Zelaya; y sienta un peligrosísimo precedente para la comunidad internacional, principalmente, los países más débiles.

Y este último punto es el que más relevancia le da al problema hondureño; pues si las sanciones hacia Honduras permanecen, se estará legitimando la intervención de cualquier órgano internacional  (o de cualquier país, ¿por qué no?)  en las decisiones internas legitimas de cualquier país. Esto es la antítesis de la ética: la verdad por consenso.

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  1. 21 septiembre 2009 en 5:11 pm

    increible que aun pasen estas cosas

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