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Para los Rojos…su “Catecismo Revolucionario”

15 noviembre 2008

Cubanitoweb

Aquí les traigo las ideas por las cuales se debe regir un “verdadero revolucionario”, aquellas por las cuales, debe destruir primero, para construir después, son pensamientos que datan desde el siglo XIX pero son aplicados con sistemática alevosía en estos momentos en Venezuela y algunos países latinoamericanos. Ellos, los comunistas siempre están y estarán mimetizándose y agazapados, prestos a dar el zarpazo, llevando en sus entrañas su odio visceral hacia la sociedad y su inmenso resentimiento, para una vez en el poder, volverse el mayor corrupto y burgués de aquellos a los que ha enfrentado hasta ese momento.Al leerlo, sólo queda asombrarse ante la similitud de la forma de gobernar de los chavistas.

«El odio como factor de lucha, el odio
 intransigente al enemigo, que impulsa
 más allá de las limitaciones naturales
del ser humano y lo convierte en una
efectiva, violenta, selectiva y fría
 máquina de matar. Nuestros soldados
 tienen que ser así».

  Ernesto Che Guevara
 “Mensaje a la Tricontinental”
(Bolivia, mayo de 1967)
Para entender al que procura un cambio violento en las instituciones políticas de un país, sus métodos y la lógica que esgrime para lograr sus fines, es necesario adentrarse en su manera de razonar y en su ética. Cristo y Confucio fueron revolucionarios; y lo fueron también, de otra especie, que es la que aquí interesa, Mao, Hitler, Stalin y Pol Pot.

Un error frecuente en el aprecio de un revolucionario, o en predecir sus actos, parte de ignorar su escala de valores y su sicología, y de suponerlo igual a los otros miembros de la sociedad. El revolucionario suele conocer mejor el mundo burgués que quiere destruir, que lo que de él conoce su enemigo. Y ésa es una ventaja sobre quienes se le oponen. Hay una moral revolucionaria y una moral burguesa, o dicho de otra manera, lo que es inmoral para la mayoría, dentro de la tradición, o censurable, puede ser lo moral para el revolucionario. No importa que sus preferencias estimativas sean sólo un disfraz para encubrir complejos, frustraciones o egoísmos, lo que mueve en último término al revolucionario es el fin que dice perseguir, resumido en un programa que justifica los medios para llegar a él.

Sergei Gennadievich Nechaev, autor de “El catecismo del revolucionario”, nació en un pueblicito a unas 200 millas al nordeste de Moscú, el 20 de setiembre de 1847. Su padre era un pintor de brocha gorda y su madre una costurera, ambos siervos, lo que hizo al hijo el primer revolucionario de cierta importancia de origen plebeyo. Nechaev exageraba la humildad de su origen para mejor impresionar a sus seguidores, y dijo que sus padres habían pasado grandes necesidades y que él consumió su juventud luchando contra el hambre y la miseria. La mayoría de los que conspiraban contra el gobierno del zar eran nobles que sentían culpa por los vergonzosos privilegios de su clase y por los atropellos e injusticias de las autoridades contra el resto de la población.

“El catecismo del revolucionario” se repartió en 1870 entre los partidarios de Nechaev; dos años más tarde se tradujo al francés por los marxistas para desacreditar el anarquismo; y otra vez apareció en ruso en 1906 y en 1924. La primera traducción al inglés es de 1939, en el libro de Max Nomad, Apostles of Revolution, y en 1957 en el de Robert Payne, The Terrorists; y entre 1969 y 1971 el Black Panther Party hizo tres ediciones en Berkeley, California, con una introducción de Eldridge Cleaver, quien dijo en Soul on Ice que se había “enamorado” de la doctrina de Nechaev y que puso en práctica sus rudezas al tratar a los demás; otra es de Londres, de la Kropotkin Lighthouse Publications; y también sirvió de guía para el Ejército Rojo y los miembros del Symbionese Liberation Army.
En cuatro secciones está dividida la parte de “El Catecismo” que aquí interesa, donde se prescriben “La reglas de conducta del revolucionario”: en la primera se expone cuál ha de ser “la actitud del revolucionario respecto a sí mismo”; la segunda, en relación con “sus camaradas”; la tercera, respecto a la sociedad; y la última, con “el pueblo” (en un sentido más amplio, la nación). Puesto que no se ha podido conseguir para este trabajo una versión en español de “El Catecismo”, los pasajes que siguen son traducciones de lo que aparece en el libro de Michael Confino, Violence dans la violence; le débat Bakounine-Ne_aev (1973); y de la versión en inglés del libro de Philip Pomper, Sergei Nechaev (1979):

CATECISMO DEL REVOLUCIONARIO
Por Sergei Nechaev

La actitud del revolucionario hacia sí mismo

1. El revolucionario es un hombre dedicado. No tiene intereses personales, no tiene relaciones, sentimientos, vínculos o propiedades, ni siquiera tiene un nombre. Todo en él se dirige hacia un solo fin, un solo pensamiento, una sola pasión: la revolución.

2. Dentro de lo más profundo de su ser, el revolucionario ha roto -y no sólo de palabra, sino con sus actos- toda relación con el orden social y con el mundo intelectual y todas sus leyes, reglas morales, costumbres y convenciones. Es un enemigo implacable de este mundo, y si continúa viviendo en él, es sólo para destruirlo más eficazmente.


3. El revolucionario desprecia todo doctrinarismo y rechaza las ciencias mundanas, dejándolas para las generaciones del futuro. Él conoce una sola ciencia: la ciencia de la destrucción. Para este fin, y sólo para este fin, estudia la mecánica, la física, la química y quizá también la medicina. Para este propósito, el revolucionario estudiará día y noche la ciencia de los hombres, sus características, posiciones y todas las circunstancias del orden presente en todos sus niveles. La meta es una sola: la más rápida y más segura destrucción de este sistema asqueroso.

4. El revolucionario desprecia la opinión pública. Desprecia y odia la actual moralidad pública en todos sus aspectos. Para él sólo es moral lo que contribuye al triunfo de la revolución. Todo lo que la obstruye es inmoral y criminal.

5. El revolucionario es un hombre condenado a muerte. No teniendo piedad hacia el estado ni hacia la sociedad educada, él a su vez no espera que ellos tengan piedad hacia él. Entre ellos y él hay una tácita, continua e irreconciliable guerra a muerte. Debe estar preparado para morir cualquier día. Y deberá entrenarse a sí mismo para resistir la tortura.

6. Siendo severo consigo mismo, el revolucionario deberá ser severo con los demás. Todos los tiernos y delicados sentimientos de parentesco, amistad, amor, gratitud e incluso el honor deben extinguirse en él por la sola y fría pasión por el triunfo revolucionario. Para él sólo debe existir un consuelo, una recompensa, un placer: el triunfo de la revolución. Día y noche tendrá un solo pensamiento y un solo propósito: la destrucción sin piedad. Manteniendo la sangre fría y trabajando sin descanso para esa meta, estará listo para morir y para destruir con sus propias manos todo lo que le estorbe.

7. La propia naturaleza del verdadero revolucionario excluye toda forma de romanticismo, así como toda clase de sentimientos, exaltaciones, vanidades, odios personales o deseos de venganza. La pasión revolucionaria debe combinarse con el cálculo frío. En todo tiempo y lugar, el revolucionario no debe ceder ante sus impulsos personales, sino ante los intereses de la revolución.

La relación del revolucionario con sus camaradas

8. Para un revolucionario, un amigo es sólo aquél que ha probado con sus actos que también él es un revolucionario. La amistad, dedicación u otras obligaciones hacia ese amigo depende de su utilidad para la causa revolucionaria.

9. La solidaridad entre los revolucionarios no requiere discusión. La fuerza del trabajo revolucionario depende de ella. Los camaradas que estén en el mismo nivel de comprensión y pasión revolucionaria deben, en la medida de lo posible, discutir juntos las principales acciones y alcanzar conclusiones unánimes. Sin embargo, durante la ejecución del plan cada uno debe confiar sólo en sí mismo. Al realizar las diversas acciones destructivas, cada uno deberá actuar solo, y buscará consejo o ayuda de sus amigos sólo si ello es necesario para el éxito.

10. Cada camarada tendrá a la mano a varios revolucionarios de segundo o tercer rango, no tan completamente dedicados como él. Debe considerarlos como parte del capital revolucionario puesto a su disposición, y procurará sacar de ellos la máxima utilidad posible. Debe considerarse a sí mismo como un capital condenado a ser invertido para el triunfo de la causa revolucionaria, pero no tendrá derecho a disponer personalmente de ese capital sin el consentimiento de otros camaradas plenamente iniciados en la causa revolucionaria.

11. Cuando un camarada tenga problemas, y haya que decidir si salvarlo o no, el revolucionario no se guiará por sus sentimientos personales, sino solamente por los intereses de la causa. Por tanto, debe sopesar cuidadosamente la utilidad del camarada en problemas contra el costo del esfuerzo necesario para salvarlo, y debe decidir qué tiene mayor peso.

La relación del revolucionario con la sociedad

12. La aceptación de un miembro nuevo dentro la organización, de alguno que haya probado su lealtad no mediante palabras sino mediante sus actos, es algo que sólo podrá decidirse por consentimiento unánime.

13. Un revolucionario entra al mundo del Estado y al llamado mundo intelectual, y vive dentro de ellos, con el solo propósito de su destrucción rápida y total. No será un revolucionario si experimenta alguna simpatía por algo de ese mundo, o si se detiene ante la destrucción de algún estado de cosas, relación o persona que pertenezca a ese mundo en el cual todo debe ser odiado igualmente. Peor para él si tiene familia, amigos o relaciones amorosas; no podrá ser un revolucionario si eso detiene su mano.

14. Con el propósito de la destrucción despiadada, el revolucionario puede, y frecuentemente debe, vivir en sociedad, simulando ser lo que no es. El revolucionario deber penetrarlo todo en todas partes: las clases más altas y medias; el almacén del mercader; la iglesia; la mansión del aristócrata; los mundos de la burocracia, el ejército, la literatura; la División Tercera (policía secreta); e incluso el Palacio de Invierno (del Zar).

15. Toda esta sucia sociedad tendrá que ser dividida en varias categorías. La primera categoría es la de aquéllos que deberán morir sin demora. La Organización de camaradas revolucionarios harás listas de los condenados, tomando en cuenta el daño potencial que puedan hacer a la revolución, y eliminarán en primer lugar a los primeros de la lista.

16. Al unir esas listas, y agrupar ordenadamente a los condenados, no se tomará en cuenta la maldad personal del hombre ni el odio que éste provoca entre los camaradas o el pueblo. Esa maldad y ese odio pueden servir temporalmente para provocar la sublevación de las masas. Es necesario tomar en cuenta el grado de utilidad que su muerte podría dar a la causa revolucionaria. Ante todo, debes destruir a aquellas personas que más daño pueden hacer a la Organización revolucionaria, o a aquellas otras cuya muerte súbita y violenta provocarán el mayor terror en el gobierno, debilitando su poder y privándolo de sus miembros más enérgicos e inteligentes.

17. El segundo grupo está compuesto por aquellas personas a quienes se les permite vivir temporalmente, porque sus actos terribles conducirán al pueblo a una sublevación inevitable.

18. La tercera categoría incluye una multitud de personas de posición alta, animales que no tienen gran inteligencia ni energía, pero poseen riqueza, posición social, conexiones, influencia y poder. Debes explotarlos de todas las maneras posibles, implicarles, confundirles, y conocer, hasta donde sea posible, sus secretos más sucios con el fin de esclavizarles. Su poder, influencia, conexiones y riqueza podrían llegar a ser un tesoro inagotable y de gran ayuda para muchas empresas revolucionarias.

19. La cuarta categoría es la de aquellos trepadores ambiciosos y liberales de diversos matices. Puedes conspirar junto con ellos, pretendiendo que les sigues ciegamente; pero a la vez debes ponerlos bajo control, conocer todos sus secretos, comprometerlos al máximo…, de tal modo que ellos mismos ensucien y corrompan al Estado con sus propias manos.

20. La quinta categoría está compuesta por doctrinarios, conspiradores y revolucionarios que sólo hablan inútilmente ante muchedumbres o sobre el papel. Debes impulsarlos hacia la acción, despedazando sus discursos, con lo cual destruirás a la mayoría pero lograrás unos cuantos revolucionarios verdaderos.
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21. La sexta, y muy importante, categoría, son las mujeres. Éstas deben ser divididas en tres categorías. Primero, aquellas mujeres “cabeza hueca”, inconscientes y desalmadas, que pueden ser utilizadas de la misma manera que los hombres de las tercera y cuarta categorías. La siguiente categoría es la de aquellas mujeres que son apasionadas, devotas y talentosas, pero no son propiamente nuestras, ya que no poseen aún una comprensión cabal, austera y revolucionaria. Ellas deben ser utilizadas como los hombres de la quinta categoría. Finalmente, están aquellas mujeres completamente nuestras, es decir, aquéllas que han aceptado nuestro programa y están totalmente dedicadas a él. Ellas son nuestras camaradas, y deberemos considerarlas como nuestro tesoro más preciado sin cuya ayuda no podemos triunfar.

La actitud de la Organización hacia el Pueblo

22. La Organización no tiene otro objetivo que la liberación completa y la felicidad del pueblo, es decir, del trabajador común y ordinario. Pero, con la convicción de que la liberación y la obtención de la felicidad es posible solamente por el camino de una revolución popular totalmente destructiva, la Organización deberá alentar, con todos sus medios y recursos, el desarrollo e intensificación de aquellas calamidades y males que agoten la paciencia del pueblo y lo conduzcan a una sublevación total.

23. Por “Revolución” nuestra Organización no entiende un modelo o patrón en el sentido clásico occidental, un movimiento que siempre se detiene y se doblega ante los derechos de propiedad privada y ante las tradiciones del orden público y las, así llamadas, civilización y moralidad. Tampoco entiende por revolución una forma que hasta ahora se ha limitado a deponer un modelo político para reemplazarlo por otro que intenta crear un estado revolucionario, por llamarlo de algún modo. La única revolución que puede ser benéfica para el pueblo será la revolución que destruya de raíz todo componente del Estado y que pueda exterminar todas las instituciones tradicionales del Estado, el orden social y las clases en Rusia.

24. La Organización no intenta imponer desde arriba una nueva organización para el pueblo. La organización futura crecerá, sin duda, desde el movimiento popular y desde la vida, pero ésa será la tarea de las generaciones futuras. Nuestra tarea es la destrucción despiadada, terrible, completa y universal.

25. Por esto, para estar más cerca del pueblo, necesitamos unidad con aquellos elementos de la vida popular que, desde el principio del estado de poder de Moscú, no han dejado de protestar, no sólo de palabra, sino con acciones, en contra de todo aquello que está relacionado directa o indirectamente con el Estado: en contra de la nobleza, en contra de los burócratas, en contra del clero y en contra de los kulaks explotadores (campesinos ricos, dueños de plantaciones, que utilizan esclavos o siervos). Permítasenos unirnos con los bandidos audaces, los únicos revolucionarios verdaderos de Rusia.

26. Unir este mundo con una sola fuerza invencible e indoblegable: tal es el objetivo de nuestra Organización, tal es nuestra conspiración y nuestra tarea.

Fuentes:

“El catecismo del revolucionario”, por Carlos Ripoll, publicado por vez primera en el Diario las Américas (Miami, Florida) los días 3 y 10 de agosto de 1997, es un capítulo del libro en preparación Páginas Cubanas, de Historia, Política y Literatura, de esta Editorial Dos Ríos. 

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  1. nari
    3 julio 2009 en 10:26 pm

    buenas noches, la verdad es que no se que decir

  2. Pedro Ramirez
    28 marzo 2010 en 7:55 am

    Estimados amigos al parecer el unico que no lo ha leido es el insulso de Insulsa (que otra vez es Secretario General ed OEA). No sera que Chavez le aseguro una pension de por vida. Seria bueno que investigaran sus cuentas bancarias y su patrimonio. No se puede ser tan ingenuo como para no ver la relacion que hay entre ellos dos.

  1. 15 noviembre 2008 en 8:50 am
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