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Reacciones sobre Obama

7 noviembre 2008

Martha Colmenares/Cubanitoweb

Estoy presentando reacciones por el triunfo de Barack Obama. Ya he publicado la del periodista Federico Quevedo. En esta oportunidad, se trata por una parte, del editorial de Libertad Digital “La incógnita Obama”: Con la presidencia de nuevo en manos demócratas, la principal incógnita que queda por despejar es cuál de los dos caminos tomará el recién elegido Barack Obama: el de Carter o el de Clinton. Por la otra, la del director de Diario de América, Alberto Acereda y su artículo “Una verdadera democracia”: El voto a favor de Obama ha sido fundamentalmente un voto apoyado más en la emoción de millones de personas anhelantes de “cambio”, que una mirada cuidadosa a los logros y los hechos políticos reales de este joven político. Ambos textos a continuación. Ya me dirán los lectores qué piensan sobre éstos.
En mi blog: Reportaje sobre Barack Obama. Gana el afroamericano Barack Obama, es el nuevo Presidente de los Estados Unidos
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“La incógnita Obama”
EDITORIAL. Libertad Digital

Los Estados Unidos de América han demostrado a todo el mundo, una vez más, que son la mayor democracia del planeta y que pretenden seguir siéndolo. La deportividad, el juego limpio, el saber ganar y también el saber perder son algo tan natural en América, tan inherente a su propia tradición política que llama la atención en democracias menos maduras y confiadas en sí mismas como las que hay a este lado del Atlántico. En la noche del martes, Estados Unidos cerró una página de su Historia y abrió otra con total naturalidad, sin traumas, sin cainismos ni cuentas pendientes. Llevan haciéndolo más de dos siglos ante la estupefacción de un mundo que, curiosamente, no hace sino censurar el sistema político que ha obrado semejante maravilla durante tanto tiempo.

La democracia americana es el único modelo referencial que, en rigor, pueden permitirse el resto de democracias mundiales, pero carga sobre sus hombros la responsabilidad de ser la potencia hegemónica. De ahí que sea tan importante quién ocupa la Casa Blanca y qué tipo de ideas pueblan su cabeza. Los periodos en los que el presidente de los Estados Unidos ha sido derrotista, pusilánime o estatista se han correspondido con épocas aciagas para la libertad y para su inevitable corolario de prosperidad económica. Precedentes ha habido varios, aunque quizá sea el de Jimmy Carter el más incuestionable.

Durante la segunda mitad de los años 70 Estados Unidos –y el mundo– se escurrieron por la pendiente de una severa crisis económica y los enemigos de la libertad se adueñaron de Afganistán, Nicaragua e Irán ante la impotencia del inquilino de la Casa Blanca. La presidencia de Carter fue tan nefasta y tan contraria a los intereses del americano medio –y del mundo libre–, que marcó el comienzo de cinco mandatos republicanos separados por la época de Bill Clinton, presidente demócrata cuya principal ocupación de Gobierno fue distanciarse de la herencia Carter. Los años de Clinton prolongaron la hegemonía política republicana y sirvieron de antesala al doble mandato del ahora impopular George Bush.

 

Con la presidencia de nuevo en manos demócratas, la principal incógnita que queda por despejar es cuál de los dos caminos tomará el recién elegido Barack Obama: el de Carter o el de Clinton. Del camino que decida tomar el todavía senador por Illinois depende buena parte de la fortuna de su mandato. Escarbando en su pasado todo hace temer lo peor. Obama ha sido durante la práctica totalidad de su vida política un radical de izquierdas errado en casi todo y con una pasmosa habilidad de rodearse de amistades muy poco recomendables. Llegado el momento de la candidatura a la presidencia moderó ligeramente su discurso, hijo del cual es el programa que le ha llevado en volandas a la victoria electoral. El resto ha sido, esencialmente, una campaña de mercadotecnia magistral y planificada al milímetro, en la que ha contado más la raza del candidato o las arengas buenistas y vacías que la política en sí misma.

De la raza podría decirse que, si un negro puede llegar a la presidencia sin contratiempos tal y como ha hecho Obama, tal vez sea el momento de retirar de la circulación todas las discriminaciones positivas a favor de los negros que inundan las leyes norteamericanas. Han perdido su sentido. En cuanto al buenismo y la vacuidad, las palabras bonitas y los eslóganes no son de mucha utilidad para gobernar en ninguna nación y menos que ninguna, los Estados Unidos de América.
6-XI-2008
Libertad Digital
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Una verdadera democracia
Por Alberto Acereda

A lo largo de estos últimos meses hemos asistido a una extraordinaria campaña electoral. Desde las primarias hasta hoy, millones de personas en todo el mundo se han acercado a conocer la maravilla que es la democracia representativa norteamericana, ejemplo de libertad individual para el planeta. El triunfo de Barack Obama resulta también una victoria histórica en cuanto al origen y el color de la piel de este nuevo presidente electo. De padre africano pero criado por una madre y una abuela blancas, Obama ha sido capaz de hacerse a sí mismo y salir adelante gracias en gran parte al imperecedero sueño americano: ese sueño siempre posible, generación tras generación; ese sueño abierto a todos, como esta noche ha podido comprobar el propio Obama. Pese a sus tremendas contradicciones ideológicas, su campaña ha sabido aplicar una seria disciplina, ha sido superior económicamente a la de su contrincante y se ha visto aupada por los vientos de los ciclos políticos que esta vez favorecían al Partido Demócrata. A todo eso ha ayudado también la quiebra económica que vivimos a tan sólo unas semanas de las elecciones, justo cuando la campaña de McCain iba por delante.

Pese al desfortunado y descarado apoyo mediático, Obama es justo vencedor y hoy cabe felicitarse porque Estados Unidos -pese a todo- sigue adelante en su camino de libertad y democracia. Aun así, no cabe llamarse a engaño y dejar de esconder la realidad de los hechos. Estados Unidos ha elegido a un candidato del que apenas sabemos nada, y lo poco que sabemos no augura demasiadas buenas cosas. El voto a favor de Obama ha sido fundamentalmente un voto apoyado más en la emoción de millones de personas anhelantes de “cambio”, que una mirada cuidadosa a los logros y los hechos políticos reales de este joven político. Elegido ya presidente, la obligación de todos los norteamericanos (incluidos quienes no lo hemos votado) debe ser respetar al presidente electo y a la institución a la que representa. Sin embargo, eso no supone dejar de oponerse a políticas confusas que expolian a la ciudadanía, ni tampoco olvidar las dudas que millones de ciudadanos seguimos teniendo ante Obama. El 48 % de los votantes estadounidenses hemos dado nuestro apoyo a McCain y seguimos sin comulgar con las ideas expuestas por Obama durante su campaña. Porque el “cambio” que propone Obama es un cambio de los fundamentos básicos de la idea de América, muy distinto al “cambio” en Washington que propugnaba acertadamente McCain.

A partir de ahora, Obama deberá tener olfato político y defender de verdad la libertad individual y dejar a un lado los radicalismos colectivistas que ha venido exhibiendo en varias partes de su campaña. Cierto es que Obama contará con unas mayorías Demócratas en el Congreso y en el Senado que le concederán un gran poder y un amplio nivel de maniobra. A la hora de escribir esto, los Demócratas han ganado doce asientos en el Congreso pero sólo cinco en el Senado, lo que es algo de lo poco positivo para los Republicanos en esta noche electoral. Aun así, la mitad de los estadounidenses no vamos a tragar con ruedas de molino un giro tan radical como el que augura la alianza Obama-Reid-Pelosi.

Desde esa minoría en Washington, el Partido Republicano ha empezado ya esta misma noche a rehacer su frente político y a preparar nuevos candidatos. Para ello, los Republicanos habrán de volver sin medias tintas a los principios del conservadurismo norteamericano, aquellos principios de Barry Goldwater y Ronald Reagan que en los últimos años se han ido dejando tristemente en el camino por culpa de un idiotizado centrismo. Deseábamos ciertamente un triunfo de McCain como mal menor para Estados Unidos.

Pero llegados a este punto, el horizonte de las intermedias de 2010 y las presidenciales de 2012 deben ser el objetivo de una nueva generación de políticos conservadores que vuelvan a todo aquello que Reagan supo hacer. Esos políticos existen aunque los hayan silenciado. Están ahí y es hora de contar con ellos. Se equivocan quienes auguran que América ya es otra o que el conservadurismo norteamericano ha muerto. Aquellos principios de Ronald Reagan y aquellos mismos valores de la revolución americana y el Contrato con América de Newt Gingrich siguen hoy intactos. Cada vez que se ponen en práctica producen éxitos electorales. Cada vez que se abandonan generan derrotas.
Unidos ha elegido a un candidato del que apenas sabemos nada, y lo poco que sabemos no augura demasiadas buenas cosas. El voto a favor de Obama ha sido fundamentalmente un voto apoyado más en la emoción de millones de personas anhelantes de “cambio”, que una mirada cuidadosa a los logros y los hechos políticos reales de este joven político. Elegido ya presidente, la obligación de todos los norteamericanos (incluidos quienes no lo hemos votado) debe ser respetar al presidente electo y a la institución a la que representa. Sin embargo, eso no supone dejar de oponerse a políticas confusas que expolian a la ciudadanía, ni tampoco olvidar las dudas que millones de ciudadanos seguimos teniendo ante Obama.
5/11/2008
Diario de América

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  1. 7 noviembre 2008 en 4:38 pm

    Creo que ningún presidente norteamericano generó tanta expectativa como el caso Obama. Ya veremos!!!!!
    Y por lo que sé la gente ya está dejando de pagar las hipotecas porque ya saben que viene papá populista a hacerlo por ellos…

  2. 3 noviembre 2009 en 12:04 pm

    Creo que estan tratando de darle mala fama a Obama, ami me parece que al ser elegido cambio la forma de pensar del mundo, no por el hecho de que como es negro va a ser diferente su gobierno, a mi me parece que tenemos que criticarlo por sus acciones y virtudes.

  3. 3 noviembre 2009 en 12:08 pm

    Buen articulo me gusta como se describio cada detalle, exelente, felicitaciones

  4. 3 noviembre 2009 en 12:16 pm

    Yo apoyo a Obama, se que va ser un gran presidente, y lograra trascendentar.

  5. 6 noviembre 2009 en 4:02 pm

    Estoy sumamente contenta con el triunfo de Obama , me apasiona la politica , y creo que sus propuestas son muy buenas , este pais necesita un cambio , necesita superar la crisis economica y que todos podamos seguir cumpliendo ” el sueño americano ” ( para los que vivimos en usa )

  1. 7 noviembre 2008 en 9:02 am
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