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El futbolista cubano Reinier Alcántara anota el gol de su vida

14 octubre 2008

MICHELLE KAUFMAN The Miami Herald/Cubanitoweb

El cubano Reinier Alcántara (izq.) disputa el balón con el jugador de Antigua y Barbuda, Carr Dave, en los juegos clasificatorios para la Copa Mundial de la FIFA en Sudáfrica 2010.

El cubano Reinier Alcántara (izq.) disputa el balón con el jugador de Antigua y Barbuda, Carr Dave, en los juegos clasificatorios para la Copa Mundial de la FIFA en Sudáfrica 2010.

Reinier Alcántara sabía, incluso antes de subir la semana pasada al avión que lo llevaría de Cuba a Washington, que no iba a usar su boleto de vuelta. Concibió su plan de quedarse hace meses y se esforzó denodadamente para quedar en el equipo que enfrentaría a la selección de fútbol de Estados Unidos el sábado pasado, porque pensó que sería su oportunidad de escapar de una vida cada vez más frustrante y deprimente.

La única pregunta fue cuándo podría escaparse. El equipo estaba bajo estrecha vigilancia, después que siete miembros del equipo cubano sub-23 desertaron en Tampa en marzo pasado. Las líneas telefónicas en las habitaciones de los jugadores en el Hotel Doubletree fueron desconectadas, sus pasaportes y visas fueron guardados por un funcionario en cuanto llegaron a la capital de Estados Unidos y los entrenadores no les perdían pie ni pisada.

Pero el momento llegó. Fue el jueves al atardecer, cuando el equipo acababa de regresar del entrenamiento. Estaban descansando en el vestíbulo, esperando por la cena, y los entrenadores entraron a la tienda de regalos. Alcántara se levantó del sofá en que estaba sentado, atravesó un pasillo, encontró una puerta de servicio, echó una última mirada por encima del hombro, abrió la puerta y salió corriendo hacia la libertad.

Corrió y corrió y corrió, seis u ocho cuadras, a toda velocidad, mirando por encima del hombro todo el tiempo, con temor de que alguien lo atrapara y lo enviara de vuelta a la delegación cubana. Finalmente, cuando se dio cuenta de que nadie lo seguía, se detuvo en una esquina, recobró el aliento y paró un taxi.

Habla muy poco inglés, pero usó lo poco que sabía al montarse en el vehículo. “Lléveme lejos”, le dijo al conductor. “Vaya lejos, lejos, lejos”.

Casi media hora después, Alcántara, delantero de 26 años, se bajó en un McDonald’s y le pidió al taxista que le prestara su teléfono celular para hacer una llamada. Llamó a un amigo en Nueva Jersey, le dijo dónde estaba y el amigo vino en auto a buscarlo.

El viernes por la mañana, Alcántara se reunió con otro amigo, que lo llevó a comprar comida, ropa y artículos de aseo, y se lo llevó a su casa en Atlanta, donde pedirá asilo oficialmente y comenzará su nueva vida. El sábado por la noche miró por televisión el partido que Cuba perdió 6-1 frente a Estados Unidos. Se sintió mal por sus compañeros de equipo pero afirmó que no se arrepentía de nada. “Yo quiero a mi equipo, pero esta es mi vida, y mi futuro, y yo tenía que hacer esto”, confesó.

Alcántara no tenía idea, mientras pasaba por el día más difícil de su vida, que en Washington su compañero de equipo Pedro Faife estaba huyendo del hotel donde se alojaba el equipo, con la ayuda de unos familiares que se lo llevaron en auto a su casa en Orlando. Los jugadores no se habían puesto en contacto hasta el lunes por la mañana, pero Alcántara planeaba llamar a Faife en el transcurso del día.

“Me siento muy feliz de estar finalmente aquí, feliz de poder cumplir mis sueños”, comentó Alcántara por teléfono el lunes por la mañana, camino a Miami, para una serie de entrevistas con los medios de prensa en español. “He estado soñando con esto mucho, mucho tiempo, y tenía que esperar la oportunidad adecuada. Fue una decisión que me dio mucho miedo, y yo estaba muy nervioso esa primera noche, pero gracias al apoyo de mis amigos, y de tanta gente buena en este país, me siento mucho más tranquilo”.

Alcántara es oriundo de Pinar del Río y dijo que su vecindario fue devastado por los recientes huracanes, haciendo insoportable una vida que ya era difícil. Relató que su casa sufrió daños en el techo y que otras viviendas cercanas quedaron en ruinas. El gobierno prometió respaldo, pero no parecía haber ayuda alguna a la vista. Cuando entró el sábado a un supermercado, los ojos se le llenaron de lágrimas.

“Es hermoso ver la cantidad y la calidad de la comida que hay aquí, las opciones, las posibilidades”, indicó. “Mientras tanto, la gente en Cuba pasa hambre, pasa mucho trabajo para sobrevivir, obsesionada con la idea de dónde encontrarán qué comer. Yo tengo que tener cuidado con toda esta comida magnífica. Si sigo comiendo, no voy a poder correr más y voy a perder la forma”.

Alcántara subrayó que siempre querrá a Cuba y que sólo tiene cariño por sus compañeros de equipo y sus entrenadores. Pero se sentía atrapado en la isla y había viajado lo suficiente, gracias al fútbol, para darse cuenta de cómo se vive en otros lugares. Estuvo en East Rutherford, Nueva Jersey, y en Houston en el 2007 durante la Copa de Oro, y la idea de desertar pasó entonces por su mente pero, dice, situaciones familiares en Cuba se lo impidieron.

Esta vez nada lo ataba. No está casado ni tiene hijos. Sus padres no tenían idea de quetenía planes de quedarse y hasta el lunes no había hablado con ellos. Ellos no tienen teléfono, así que es difícil contactarlos, pero Alcántara aseguró también que quería esperar unos días a que se adaptaran a la idea porque sabía lo duro que será para ellos.

“Estoy seguro que mis padres están desolados por mi decisión, pero con el tiempo se darán cuenta de que esto es lo mejor que podía hacer”, subrayó. “Para mí no hay futuro en Cuba, ni esperanza. Allá se puede soñar, pero los sueños no se pueden hacer realidad. Es un callejón sin salida para los deportistas, y lo mismo para las personas de todas las profesiones. Escuchas promesas, pero nunca se cumplen. Aquí, tú sueñas y, si te esfuerzas lo suficiente, tus sueños se puede cumplir”.

La meta de Alcántara es llegar a ser futbolista profesional. Se ha pasado las últimas 48 horas recibiendo llamadas de futbolistas cubanos que desertaron en los últimos años, como Yaikel Pérez, Yenier Bermúdez, Yordanny Alonso y Lester Moré. Osvaldo Alonso, quien se crió con él en Pinar del Río, desertó el año pasado en Houston durante la Copa de Oro, juega para el Charleson Battery y la semana pasada fue nombrado Novato del Año del 2008 de la USL.

“Por supuesto, uno se siente un poco solo al empezar de nuevo tan lejos de la gente que uno quiere”, comentó. “Pero me ha dado valor y esperanza hablar con todos esos otros muchachos, con Yaikel, Lester y Osvaldo, muchachos que hicieron lo mismo que yo hice, el mismo sacrificio. Todos ellos me dijeron lo mismo: ‘No va a ser fácil. Vas a pasar trabajo. Pero ten paciencia, trabaja duro y todo se resolverá’. Yo creo en ellos. Siento, por primera vez, que mi futuro será luminoso”.

mkaufman@MiamiHerald.com

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  1. cubanitoweb
    14 octubre 2008 en 7:03 pm

    A la primera oportunidad huyen despavoridos del horror castrista, de la Isla prisión, dejando todo atrás, sin pensarlo dos veces. VIVA LA LIBERTAD!

  2. Pedro
    30 octubre 2008 en 5:12 pm

    Vente a España o a la Premier inglesa, y si es al Liverpool mejor

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