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Juegos Olímpicos y dictadura

2 agosto 2008

A las puertas del evento mundial, China se viste de largo, advierte a sus ciudadanos y mantiene la censura en internet.

Miguel Rivero /Cubanitoweb | 01/08/2008

Un manual que pide a los ciudadanos que no hagan preguntas indiscretas a los visitantes occidentales, la prohibición de servir carne de perro en los restaurantes, un área especial para realizar “protestas”, y ceremonias con pompa y circunstancia, son algunos detalles que marcan los preparativos de los Juegos Olímpicos de Pekín.

El día 27 fue inaugurada la Villa Olímpica, un complejo de 42 edificios en el que vivirán 16.000 atletas y entrenadores. Con una extensión de 66 hectáreas, cuenta con restaurantes, casas de té, cafeterías, peluquería, oficina de correos, tiendas, estación de bomberos y una clínica. A la hora de comer, los atletas podrán elegir entre los estilos oriental u occidental, una dieta que será preparada las 24 horas del día por 2.400 cocineros.

La Villa también cuenta con cinco habitaciones en las que se celebrarán ceremonias de las cinco grandes religiones (cristianismo, islamismo, budismo, hinduismo y judaísmo), e incluso clases de idioma chino, por si a algún atleta le apeteciera iniciarse en la lengua de Confucio.

Antes de la inauguración de la Villa, con un acto repleto de pompas, confetis y serpentinas, hubo algunos incidentes que marcaron una fase poco conocida o ignorada por la prensa oficial.

En febrero de 2006, al iniciarse las obras olímpicas, el Centro de Derecho a la Vivienda y Contra los Desalojos (COHRE, por sus siglas en inglés), vinculado a Naciones Unidas, denunció el desalojo —por parte del Ayuntamiento de Pekín— de al menos 300.000 habitantes.

Las zonas olímpicas están situadas fundamentalmente en los suburbios de la capital, donde una gran parte de la población continúa dedicándose a la agricultura, vive con bajos ingresos y no posee las viviendas que habita. Solamente la construcción de la Villa Olímpica, al este de la ciudad, ha supuesto el desalojo aproximado de 5.700 familias.

Respiración complicada

Desde el 20 de julio entraron en vigor algunas medidas que cambiarán la vida de los pequineses, fortificarán la ciudad y, supuestamente, aliviarán la contaminación galopante de una villa muy castigada por la polución, según las autoridades.

De entre todas las medidas, la más publicitada es la que impedirá a los pequineses sacar sus automóviles libremente a la calle, ya que hasta el 20 de septiembre sólo podrán conducir en días alternos, en función de los números pares o impares de las matrículas.

Este imperativo legal elimina de un plumazo más de millón y medio de autos de las abarrotadas calles de Pekín y, con ellos, buena parte de las emisiones que han tenido en jaque a los organizadores de los Juegos. Sin embargo, cualquiera que haya sintonizado la CNN el domingo 27, pudo apreciar la espesa nube de polución sobre Pekín. La medida no parece que haya sido muy eficaz.

El pasado 26 de julio, el diario francés Le Monde informó desde Pekín que las autoridades chinas habían manipulado las cifras sobre polución para proclamar que se cumplían “las normas internacionales” y que los expertos extranjeros presentes en la capital de China argumentaron que “los parámetros” aplicados eran diferentes. La misma fuente informó que las autoridades consideraron “sensible” el asunto y pidieron a los extranjeros que no prosiguieran con sus investigaciones.

Desde el pasado 2 de abril, el etíope Haile Gebreselassie, plusmarquista mundial de maratón (2h.04.26), anunció que no estará en los Juegos Olímpicos por la situación medioambiental de la capital china.

Un manual que pide a los ciudadanos que no hagan preguntas indiscretas a los visitantes occidentales, la prohibición de servir carne de perro en los restaurantes, un área especial para realizar “protestas”, y ceremonias con pompa y circunstancia, son algunos detalles que marcan los preparativos de los Juegos Olímpicos de Pekín.

El día 27 fue inaugurada la Villa Olímpica, un complejo de 42 edificios en el que vivirán 16.000 atletas y entrenadores. Con una extensión de 66 hectáreas, cuenta con restaurantes, casas de té, cafeterías, peluquería, oficina de correos, tiendas, estación de bomberos y una clínica. A la hora de comer, los atletas podrán elegir entre los estilos oriental u occidental, una dieta que será preparada las 24 horas del día por 2.400 cocineros.

La Villa también cuenta con cinco habitaciones en las que se celebrarán ceremonias de las cinco grandes religiones (cristianismo, islamismo, budismo, hinduismo y judaísmo), e incluso clases de idioma chino, por si a algún atleta le apeteciera iniciarse en la lengua de Confucio.

Antes de la inauguración de la Villa, con un acto repleto de pompas, confetis y serpentinas, hubo algunos incidentes que marcaron una fase poco conocida o ignorada por la prensa oficial.

En febrero de 2006, al iniciarse las obras olímpicas, el Centro de Derecho a la Vivienda y Contra los Desalojos (COHRE, por sus siglas en inglés), vinculado a Naciones Unidas, denunció el desalojo —por parte del Ayuntamiento de Pekín— de al menos 300.000 habitantes.

Las zonas olímpicas están situadas fundamentalmente en los suburbios de la capital, donde una gran parte de la población continúa dedicándose a la agricultura, vive con bajos ingresos y no posee las viviendas que habita. Solamente la construcción de la Villa Olímpica, al este de la ciudad, ha supuesto el desalojo aproximado de 5.700 familias.

Respiración complicada

Desde el 20 de julio entraron en vigor algunas medidas que cambiarán la vida de los pequineses, fortificarán la ciudad y, supuestamente, aliviarán la contaminación galopante de una villa muy castigada por la polución, según las autoridades.

De entre todas las medidas, la más publicitada es la que impedirá a los pequineses sacar sus automóviles libremente a la calle, ya que hasta el 20 de septiembre sólo podrán conducir en días alternos, en función de los números pares o impares de las matrículas.

Este imperativo legal elimina de un plumazo más de millón y medio de autos de las abarrotadas calles de Pekín y, con ellos, buena parte de las emisiones que han tenido en jaque a los organizadores de los Juegos. Sin embargo, cualquiera que haya sintonizado la CNN el domingo 27, pudo apreciar la espesa nube de polución sobre Pekín. La medida no parece que haya sido muy eficaz.

El pasado 26 de julio, el diario francés Le Monde informó desde Pekín que las autoridades chinas habían manipulado las cifras sobre polución para proclamar que se cumplían “las normas internacionales” y que los expertos extranjeros presentes en la capital de China argumentaron que “los parámetros” aplicados eran diferentes. La misma fuente informó que las autoridades consideraron “sensible” el asunto y pidieron a los extranjeros que no prosiguieran con sus investigaciones.

Desde el pasado 2 de abril, el etíope Haile Gebreselassie, plusmarquista mundial de maratón (2h.04.26), anunció que no estará en los Juegos Olímpicos por la situación medioambiental de la capital china.

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