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Chávez, no te metas con la vinotinto!

24 julio 2008

LUIS E. RANGEL

EL NUEVO HERALD/cubanitoweb

El Ser Supremo habló, y cuando su voz se eleva, revienta como un trueno ensordecedor. Abajo todos tiemblan y corren aterrorizados, chocando entre ellos, para buscar el sacrificio adecuado que permita la satisfacción del Omnipotente.

Habló Hugo Chávez. O mejor dicho, bramó.

El presidente de Venezuela dijo recientemente que no entendía por qué el equipo nacional de fútbol del país que dirige -o que comanda, para usar un término militar más adecuado- usaba la camiseta vinotinto. “Hace un tiempo que se comenzó a hablar del color vinotinto. ¿De dónde salió ese color vinotinto? Los colores de Venezuela son amarillo, azul y rojo con ocho estrellas blancas”, dijo Chávez, en su acostumbrado pataleo dominical que se llama “Aló, presidente”.

Mientras Venezuela se cae a pedazos, el Rey Supremo, al que nadie puede objetar y que sigue haciendo méritos como nadie para ser considerado el lunático más legendario en la historia del país, hizo un alto en medio de su lucha contra el lado oscuro de la fuerza -el odiado Imperio- para adelantar lo que seguramente será una realidad en un futuro no muy lejano.

Y es que los precedentes históricos sugieren que el color vinotinto del equipo de fútbol vive sus últimos días. ¿Por qué? Porque cuando el Comandante habla, sus órdenes se cumplen. Ya le metió Photoshop a la bandera, el escudo, la moneda, casi todas las instituciones y hasta el mismo nombre del país.

Es una pena cambiar lo que se ha convertido en el único signo de unión de un país prácticamente desintegrado, de una sociedad que de la noche a la mañana aprendió a odiarse entre sus miembros, disgregados como nunca en la historia de la nación entre los ‘‘buenos” y los “malos”.

La vinotinto se convirtió en una de las pocas alegrías de un país hundido en la pobreza, en la inseguridad e inmerso en una pavorosa depresión social colectiva.

Venezuela, el patito feo del fútbol, empezó a ganar, y con los triunfos llegó la alegría y los fanáticos. La vinotinto, como se conoce al combinado nacional de fútbol de mi país, se convirtió en el equipo querido, en el ejemplo de lo que el país realmente desea ser.

En fin, la vinotinto se convirtió en parte de nuestra cultura, como la arepa, las reinas de bellezas, un Caracas-Magallanes y el amor por el majestuoso y entrañable Cerro Avila.

¿Por qué razón cambiarla?

Quizás sea otro acto más de Chávez para refrendar lo que todos sabemos, que él puede cambiar lo que le dé la gana sin que suceda nada. Quizás la principal razón sea justamente el hecho de que la vinotinto se ha convertido en sinónimo de unión, una característica odiada y temida por un gobierno que cada día más se asemeja más al del fascista Canciller de la notable película “V for Vendetta”.

Uniformar a todo el país con los colores de la bandera o una tonalidad en específico -como sucede con más frecuencia en Venezuela- es un guiño a los regí

menes donde el pluralismo y el disenso se condenan y se reprimen.

No sé si en Venezuela se armó un revuelo al respecto. Espero que así haya sido. A mí me pareció indignante, pero no sorpresivo, como suelen ser las decisiones del mandatario que ha implementado el sobresalto como política de estado.

Decir que porque Colombia y Argentina usan los colores de la bandera en el uniforme, Venezuela debe seguir esa misma corriente, es una explicación burda, un desatino más de Chávez. Porque en todo caso hay unas cuantas selecciones que no utilizan el tinte de sus estandartes nacionales, como por ejemplo Italia -que juega de azul- o Alemania -de blanco.

De momento, no me pondré más mi camiseta vinotinto. La guardaré junto con mi banderita de siete estrellas, como tesoros de la Venezuela que conocí y que siempre recordaré.

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