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Comparecencia de Uribe, Ingrid y los secuestrados

3 julio 2008


Pedro Lastra valora, en su columna de hoy, la comparecencia de anoche del presidente Uribe y los secuestrados que fueron rescatados por el Ejército de Colombia.

Pocas veces en mi vida he sido más impactado por un evento tan conmovedor como el que acaba de transmitir RCN a través de Globovisión: la comparecencia ante la opinión pública colombiana de las autoridades civiles y militares responsables de la liberación de 15 secuestrados, encabezados por un sobrio y mesurado presidente Álvaro Uribe –plenamente consciente de su deber de Primer Magistrado de una Nación profundamente respetuosa de sus tradiciones – y el testimonio de Ingrid Betancourt y los soldados y policías que pasaron hasta 10 años de humillaciones y torturas sin nombre.

Un ejemplo de grandeza, de convicción democrática, de entrega y humanidad la testimoniada por el alto mando de las fuerzas armadas colombianas. Un modelo de estatismo el manifestado por el presidente Uribe y sus ministros. Una muestra de generosidad, lucidez, inteligencia y coraje la expuesta en las palabras de Ingrid Betancourt y los suboficiales, soldados y policías liberados gracias a una de las más espectaculares acciones militares de todos los tiempos.

No puedo negar que simultáneamente con la profunda emoción que despertaban en mí los conmovedores testimonios de unos muchachos poseídos por el amor a sus fuerzas armadas y a sus componentes policiales, así como el respeto casi venerable hacia sus autoridades, expresadas con gran sabiduría e inteligencia política y ciudadana, sentí una profunda tristeza al pensar que en nuestra patria se pisotean todos los sacrosantos valores de la nacionalidad, se ultraja el honor de nuestras Fuerzas Armadas, se somete al escarnio y a la persecución a generales que pretenden hacer uso de sus derechos constitucionales denunciando situaciones verdaderamente intolerables y se guarda un silencio colectivo ante la pérdida de nuestras más esenciales tradiciones.

Esos muchachos venían de sufrir 10 y más años de flagelamientos, torturas y humillaciones. Y en lugar de estar vencidos y ultrajados están más orgullosos y conscientes que nunca de su pertenencia a Colombia y a sus fuerzas uniformadas. Ninguno repitió consignas vacías y estúpidas, desalmadas y presuntuosas: todos hablaron con el corazón y la lucidez de una preclara inteligencia. Sin importar graduación ni nivel cultural.

¿Qué sentirán nuestros altos mandos ante esta conmovedora demostración de grandeza? ¿Qué sentirán ante la inteligencia, la parsimonia y la ecuanimidad del presidente Álvaro Uribe? ¡Cuán lejos estamos de ese comportamiento modelo! Mientras nuestros soldados repiten como loros la siniestra y extranjera consigna de patria, socialismo o muerte, los soldados colombianos llevan en su corazón el fervor por su nacionalidad y el amor por su democracia.

La de hoy ha sido una lección inolvidable. Dios quiera llegue al corazón de los venezolanos de buena voluntad y abra los ojos de quienes permanecen obnubilados por el poder del dinero y la maldad. Así se ama a la Patria. Así se la sirve. Así se la respeta.

UN ACONTECIMIENTO MEMORABLE
Pedro Lastra

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