Amiga,
cuando muera,
entiérrame en el perfil
de tus pestañas,
o en algún olvidado
agujero de la noche.
Amiga,
cuando muera en el renglón callado
de algún día
acuéstame de espaldas
a las lenguas,
cúbreme el porvenir
con un pañuelo
que habrás de sustraer
a la distancia;
Despégame hacia el vuelo
cerrándome lo ojos,
deja mi oído destapado,
yo tengo que esperarte
entre mis sombras.
Amiga,
cuando muera,
entiérrame en el soplo
de mi flauta,
en el eco más triste
de mi amargura larga;
en el principio mismo
de mi ayer,
en el diluvio total
de la esperanza.






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