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A San Lázaro

17 diciembre 2012

Cubanitoweb

Hoy es el día de San Lázaro o en la Regla de Ocha : Babalú Ayé de la satería cubana. Santo muy venerado en toda Cuba, con impresionantes peregrinaciones a su santuario de el  El Rincón en San Antonio de las Vegas. Desde El Cubanito Web lo veneramos e invocamos sus bendiciones que se extiendan a hijo, nietos, familia y amigos tan lejos de nosotros pero unidos en la fé, ayúdanos bendito santo a sobrellevar siempre con humildad nuestra cruz mortal y poder darle la mano al más necesitado y enfermo, con su oración para su gloria:

San Lazaro, en el nombre de Dios, te pido bendito San Lázaro,

que cuando angustiados te invoquemos, en nuestras horas

de dolor y anhelo de caridad y protección,

Oh! San Lazaro escuchanos por favor.

Bendito San Lázaro de Bethania, amparo y sosten de María y Marta, a ti te llamo.

Oh! amado y siempre vivo espiritu de gracia, con la misma Fe

y amor que Jesus llamo a la puerta del sepulcro, de donde saliste vivo y glorioso,

después de haber estado alli por espacio de tres dias consecutivos,

con tu cuerpo enterrado, y sin haber dado la mas debil señal de impureza o imperfeccion.

De la misma manera, yo hoy llamo a la puerta de tu Divino Espíritu,

para que con la misma Fé que Dios infundio en ti, me concedas lo que te pido

(Haz tu pedido),

invocando para ello el inconmensurable amor con el que

Dios te quiso premiar y con la resignación con que supiste soportar la vida material.

Amén.

Amigo de Jesús. Siglo I

Lázaro es un nombre significativo en el idioma de Israel. Quiere decir: “Dios es mi auxilio”. El santo de hoy se ha hecho universalmente famoso porque tuvo la dicha de recibir uno de los milagros más impresionantes de Jesucristo: su resurrección, después de llevar cuatro días enterrado.

Lázaro era el jefe de un hogar donde Jesús se sentía verdaderamente amado. A casa de Lázaro llegaba el Redentor como a la propia casa, y esto era muy importante para Cristo, porque él no tenía casa propia. El no tenía ni siquiera una piedra para recostar la cabeza (Lc. 9, 58). En casa de Lázaro había tres personas que amaban a Nuestro Salvador como un padre amabilísimo, como el mejor amigo del mundo. La casa de Betania es amable para todos los cristianos del universo porque nos recuerda el sitio donde Jesús encontraba descanso y cariño, después de las tensiones y oposiciones de su agitado apostolado.

En la tumba de un gran benefactor escribieron esta frase: “Para los pies fatigados tuvo siempre listo un descanso en su hogar”. Esto se puede decir de San Lázaro y de sus dos hermanas, Martha y María.

La resurrección de Lázaro es una de las historias más interesantes que se han escrito. Es un famoso milagro que llena de admiración.

Un día se enferma Lázaro y sus dos hermanas envían con urgencia un mensajero a un sitio lejano donde se encuentra Jesús. Solamente le lleva este mensaje: “Aquél a quien Tú amas, está enfermo”. Bellísimo modo de decir con pocas palabras muchas cosas. Si lo amas, estamos seguros de que vendrás, y si vienes, se librará de la muerte.

Y sucedió que Jesús no llegó y el enfermo seguía agravándose cada día más y más. Las dos hermanas se asoman a la orilla del camino y… Jesús no aparece. Sigue la enfermedad más grave cada día y los médicos dicen que la muerte ya va a llegar. Mandan a los amigos a que se asomen a las colinas cercanas y atisben a lo lejos, pero Jesús no se ve venir. Y al fin el pobre Lázaro se muere. Pasan dos y tres días y el amigo Jesús no llega. De Jerusalén vienen muchos amigos al entierro porque Lázaro y sus hermanas gozan de gran estimación entre la gente, pero en el entierro falta el mejor de los amigos: Jesús. Él que es uno de esos amigos que siempre están presentes cuando los demás necesitan de su ayuda, ¿por qué no habrá llegado en esta ocasión?

Al fin al cuarto día llega Jesús. Pero ya es demasiado tarde. Las dos hermanas salen a encontrarlo llorando: -”Oh, ¡si hubieras estado aquí! ¡Si hubieras oído cómo te llamaba Lázaro! Sólo una palabra tenía en sus labios: ‘Jesús’. No tenía otra palabra en su boca. Te llamaba en su agonía. ¡Deseaba tanto verte! Oh Señor: sí hubieras estado aquí no se habría muerto nuestro hermano”.

Jesús responde: – “Yo soy la resurrección y la Vida. Los que creen en Mí, no morirán para siempre”. Y al verlas llorar se estremeció y se conmovió. Verdaderamente de Él se puede repetir lo que decía el poeta: “en cada pena que sufra el corazón, el Varón de Dolores lo sigue acompañando”.

Y Jesús se echó a llorar. Porque nuestro Redentor es perfectamente humano, y ante la muerte de un ser querido, hasta el más fuerte de los hombres tiene que echarse a llorar. Dichoso tú Lázaro, que fuiste tan amado de Jesús que con tu muerte lo hiciste llorar.

Los judíos que estaban allí en gran número, pronunciaron una exclamación que se ha divulgado por todos los países para causar admiración y emoción: “¡Miren cuánto lo amaba!”.

¡Lázaro: yo te mando: sal fuera! Es una de las más poderosas frases salidas de los labios de Jesús. Un muerto con cuatro días de enterrado, maloliente y en descomposición, que recobra la vida y sale totalmente sano del sepulcro, por una sola frase del Salvador. ¡Que milagrazo de primera clase! Con razón se alarmaron los fariseos y Sumos sacerdotes diciendo: “Si este hombre sigue haciendo milagros como éste, todo el pueblo se irá coedios, con sólo su palabra resucita a un muerto de 4 días de enterrado.

¡Que se reúnan todos los médicos de la tierra a ver si son capaces de resucitar a un piojo muerto!

Lázaro bendito, digno de que sintamos hacia ti una envidia, que tuviste el honor de recibir del poder inmenso de Jesús un milagro tan sorprendente: dile al Divino Redentor que en nuestras casas también hay algunos Lázaros muertos: son nuestras situaciones imposibles de ser arregladas por nuestras solas fuerzas. Para unos es un vicio que no logran alejar. Para otros una tristeza y un mal genio que acompañan día por día amargando la vida. Para algunos su Lázaro muerto es su cuerpo que sufre una dolencia que no se quiere curar, o una debilidad que quita fuerzas… Sabemos que Cristo, que obró el milagro de Betania, tiene los mismos poderes y el mismo amor de ese tiempo. Pídele tú a Jesús que por lo menos si no nos da la salud, nos conceda una gran paciencia para sufrir con paciencia y así convertir nuestros sufrimientos en escalera preciosa para subirnos a un grado muy alto en el cielo.

Quien crea en Mí aunque haya muerto vivirá (Jesucristo).

BABALUAYE O SAN LAZARO

Este santo representa las epidemias y enfermedades contagiosas. Porque es el espíritu donde se puede incubar lo bueno y lo malo en la infancia o en la vejez. Babaluayé era un hombre justo, bondadoso, sencillo y humilde a pesar de ser poderoso vivía tranquilamente, hasta un día que Alosi le dijo Olofi que no existía hombre justo en la tierra y Olofi le aseguraba que si, todo estaba corrompido en la tierra pero había uno por quien el respondía y este era Babaluayé, y Alosi le respondió que como cómo el no iba a ser justo si poseía todo lo que se puede desear en la tierra, salud, fortuna y de todo y agregó que se enfermera y perdiera toda su fortuna para ver si no iba a renegar de él igual que los demás seres. Entonces Alosi tentó a Babaluayé y éste perdió toda su fortuna y haciendas que dando en la indigencia y a pesar de ello nunca maldecía ni renegaba. Pasado algún tiempo Olofi le dijo a Alosi, ¿tú ves como Babaluayé de limosnero ni aún as reniega ni maldice? y Alosi le contestó “! Cómo va a renegar ni maldecir si goza de buena salud, y entonces Olofi invito a Alosi a que lo tentara otra vez y así lo hizo y Babaluayé enfermó la sangre y cubriéndosele el cuerpo de lepra, y como estaba en esas condiciones nadie se acercaba a él, todo el mundo lo rechazaba. Al cabo de un tiempo Olofi se acordó de Babaluayé y le dijo a Alosi ¿ya ves tu como Babaluayé enfermo ni reniega ni maldice? y entonces Alosi le contestó ¿Si esta caminando como va a renegar y a maldecir? y Olofi le dijo recuerda Alosi que te dije que no había nadie justo en la tierra y yo te aseguraba que existía uno y este era Babaluayé y te autoricé para que lo tentaras y vino su ruina y Babaluayé no renegó ni enfermo de una de las enfermedades mas horribles que existen en la tierra no renegó ni maldijo. Y ahora que quieres que le quite la vida? Le devolveré la salud a Babaluayé y cuadruplicare su simiente su fortuna y hacienda en la tierra. To banEchu.

Y sucedió que Babaluayé mucho mas poderoso y fuerte que antes, sin hijos ni familia como todo hombre que necesita de una mujer, Babaluayé fue con Bañani y como su enfermedad no había cordado totalmente la enfermó y la llaga comenzó a podrirle el centro de la cabe y ella como tenia pelo muy largo se tapaba la llaga con la tenza hasta que un día Echu oyó unos quejidos y se dirigió al lugar de donde partían dichos quejidos, encontrándose con Bañani que era la que se quejaba y vio que Bañani tenía una llaga en el centro de la cabeza, entonces fue donde estaba Acayú el hermano mayor de Bañani y le contó lo que vio e la cabeza de Bañani. Acto seguido Aggallú mandó a buscarla y ésta vino y éste le preguntó por qué se quejaba y que era lo que tenía en la cabeza? y ella de lijo toda la verdad a su hermano y ése indignado con Babaluayé lo mandó a buscar y le preguntó si era cierto todo lo que se había enterado de su hermana? Babaluayé no negó nada y entonces Aggallú como era rey de esa tierra no le quedó más remedio a Babaluayé que abandonar el territorio que gobernaba Agallú sin saber donde dirigirse y como fueron confiscadas todas sus haciendas y bienes y fortuna. Babaluayé salió nada más que con las ropas que tenía puestas. Y andando sin rumbo pasando trabajos se fue muy lejos de la tierra donde viera la luz por primera vez. Babaluayé llegó a un paraje donde encontró con un hermoso río y allí se estacionó para saciar la sed y descansar; y como allí casi nadie pasaba a él le gusto y él mismo le puso nombre a aquel lugar, denominándolo Arará y así se llama aquel río y aquella tierra hasta hoy en día. En aquel lugar perdió la forma de hablar como los lucumíes y adquirió por el tiempo que estuvo en aquel lugar un lenguaje distinto al de su pueblo natal.

Babaluayé estuvo solo hasta que un día se le preguntó cómo se llamaba y ella le contestó que se llamaba Naná, y ésta que no era otra que Nanaburucu la de la tierra de Takua que por disgusto con Oggún se fue a parar aquel lugar donde estaba Babaluayé, alli juntos fundaron sus primer pueblo.

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